MIS HISTORIAS. La alquimia entre la realidad y los sueños. Entre los sueños y la imaginación.







sábado, noviembre 11, 2017

RENEÉ





Silvia nos recibe exultante. Y no es para menos. Estrena su apartamento en la arbolada calle Sullivan de la Colonia San Rafael, en pleno México DF., y también su diploma de graduación.

Entramos y nos deslumbran las velas y flores amarillas que aluden al Día de los Muertos. Sobre la pared del amplio salón atrae las miradas una bella reproducción de La Catrina de Diego Rivera. La graduación como médica de Silvia coincide con los festejos. México también celebra.

Reneé, tía lejana de mi padre, se encuentra en la reunión. La dama cuenta que ha asistido a gran cantidad de velatorios en su vida y se nota que domina el arte de narrar historias de difuntos, ya que encadena los relatos y conoce los árboles genealógicos de todos los que nombra. Resulta imposible dejar de escucharla, su discurso es envolvente y cadencioso, nos fascina.

Mi hermana – dice ahora – le hizo una vez una promesa a San Antonio para que sus hijos volvieran sanos y salvos después de ir a una excursión muy riesgosa, con escalamientos en la cordillera. Le ofreció vestir de marrón durante toda su vida y ser enterrada con el hábito de San Antonio, que es de ese color. Y ese mismo día se buscaron las telas. Vistió de marrón hasta morir, y guardó la mortaja en un cajón, dentro de la cómoda, hasta que le llegó la hora.
Yo no creo en esas historietas– digo como para cortar el clima de horror que se ha instalado en el comedor.

Pero Reneé prosigue con su relato, como poseída:
Yo tenía una prima, Ramona, novia de un tal Juan. La madre de Juan murió con una promesa incumplida, la de una misa por las almas del purgatorio. La muerta se le apareció a mi prima. Estaba sacando agua del pozo y la vio sentada en el umbral de la galería, frente a la casona de los padres. Las apariciones se sucedieron a partir de aquel día en distintos lugares – continuó ella, fijando su mirada en la mía, ignorando al grupo que la está escuchando- consultó con los sacerdotes y le aconsejaron que le preguntara quién era, de dónde venía y qué quería. Así lo hizo, y entonces la aparición mostró su cara y dijo que quería una misa. Se hizo la misa y no volvió más.

Perdone, Reneé – le digo con toda la suavidad posible – pero no creo en los fantasmas. Para mí estas cosas las ve el que las quiere ver, según el grado de sugestión que es capaz de tener cualquier persona.
En ningún momento dije la palabra fantasma. Son apariciones, visiones. Y las puedes tener tú, yo o alguno de los que están en este momento aquí reunidos.
 “La madre que la parió”, pienso. No le voy a dar el gusto de que me haga sentir miedo.

Hace como cincuenta años, en Ciudad Juárez, vivía una chiquita huérfana, Micaela, a la que criaron sus tíos. Esta niña oía ruidos y veía una sombra. Los vecinos le dijeron que se enfrentara a ella y le preguntara lo mismo: quién era y qué quería. Así lo hizo, y la sombra, que resultó ser su madre, le dijo: “Quiero que uses siempre el hábito de Santa Rita hasta gastarlo, porque es una promesa que yo no cumplí”. El hábito de Santa Rita es negro, con una correa negra y el escudo de la santa en el lado del corazón. Se lo pusieron siendo niña y no se lo quitaron hasta que el hábito quedó hecho jirones. Antes de ponérselo, claro, se bendice el hábito, el cordón y la correa. Todo lo que estoy contando, como lo he vivido, lo puedo contar con detalles. Todo el mundo, debe cumplir sus promesas, para evitar complicaciones a los vivos. Un muerto no aparece nítidamente, pero sí como una sombra que es igualita a quien pertenece. Por último, aconsejo siempre que a ningún muerto hay que enterrarlo sin su mortaja. Tiene que vestir algo encima por si se llegara a aparecer ante alguien que ha conocido en vida. A lo largo de mi vida he puesto muchas mortajas, que después reconocí al volver a ver a algún muerto.

“Ésta tiene un grave problema mental”, pienso. Y como para ir cortando el tema, propongo:
-¿Alguien quiere café, té o alguna otra bebida, comer algo antes de irse?

La frase distiende un poco los ánimos. Joaquín se dirige al equipo de música y un acertado concierto de Aranjuez, se va llevando por el aire cualquier resto de tensión y nerviosismo.
Reneé viene a la cocina mientras preparo la mesita rodante con los pocillos, vasos y platitos con masas y bocaditos.
No tienes que ser tan escéptica, mujer. Los muertos no hacen daño. Sólo quieren despedirse sin cosas pendientes en la tierra.
Mire Reneé, yo soy un poco como Santo Tomás, si no lo veo no lo creo. Discúlpeme, pero es lo que siento. Para mí, no hay otra vida. El que se fue, se fue. Para siempre.
Silvia entra a la cocina, justo cuando estoy diciendo estas últimas palabras.
-¿Quién se fue?
Estábamos hablando sobre si hay otra vida después de ésta. ¿Cuál es tu opinión?
Silvia me mira, luego la mira a Reneé, y como para no quedar mal con ninguna, dice:
Vengan que deseo mostrarles las fotos y el diploma de mi graduación. Al fin y al cabo nos reunimos para festejar ¿no?
Vamos, Reneé, otro día la seguimos. Se va a enfriar el café. Y el que está fumando en el balcón, que entre que hace frío.
Silvia me mira como petrificada, mientras balbucea:
En el balcón no hay nadie, y ninguno de nosotros fuma…
La veo a Reneé que cierra los ojos y pone las manos como rezando. El estruendo de la cafetera contra el piso y el ardor en el pie por la quemadura son las dos cosas que más me alteran, antes de gritar fuera de mí:
-¡Reneé!, ¿por qué no se deja de joder con sus historias???

jueves, junio 16, 2016

VIDA, ¡CÓMO TE EXTRAÑO..!



¡VIDA, CÓMO TE EXTRAÑO..!

Tal vez yo esté viendo lo que quisiera ver. A veces me esfuerzo para poder ver las cosas de la manera que más le conviene a mi espíritu, según como sople la brisa sobre la vela de mi  embarcación. Y puede que éste sea el caso.

En realidad, se trata de la vista que permite la ventana de la cocina de mi madre: la parte superior de la copa de un enorme y lejano árbol, un paraíso, cubierto de hojas verdes, pero salpicado de pintura otoñal. Se yergue como a una cuadra de distancia.

Con reminiscencias confesas de la tapa del libro de El Principito, puedo asegurar que veo un par de caballos galopando hacia el sur, bajando por el borde de una colina. El fenómeno cobra mayor dramatismo si hay viento. Parecen caballos ensillados, sin jinetes, con sus crines en movimiento. Uno detrás del otro. Y detrás de ellos, corriendo a la misma velocidad, mi fantasía. Mi necesaria y terapéutica fantasía.

Sueño que el par de caballos es portador de noticias, y que en raudo galope las llevan a destino. No sé a quien preguntar el porqué de tanta urgencia, pero si busco en la fuente de mi imaginación, tendré la respuesta que deseo.

Mientras velo la siesta de mi madre muy anciana, miro galopar a estos caballos míos y de nadie.
Puede que lleven retazos de mi alma, porque sería la única parte de mi cuerpo tan liviana, como para ser transportada en sus alforjas de hojas verdes. 
Retazos que llevan inscriptas las palabras de una vieja carta que encontré recién, en el cajón del escritorio, de esta silenciosa casa.
Una carta de mi madre dirigida a mi padre, fechada un 14 de octubre de 1963, y cuya primera oración dice …“¡Vida, cómo te extraño..!”




ALP 2016

lunes, abril 28, 2014

FRANCOTIRADOR


Mis cuarenta y tus dieciocho se cruzaron en casa. Amigo de mi hijo. Misma edad, mismo curso. Cuerpo de grande. Mirada que habla. No se puede, está prohibido. Sí se puede, pero sin tocar, porque es pecado. No me importa. Sí me importa. No me mires, no me apuntes como un francotirador, que no respondo. Te sorprendo la mirada al darme vuelta. Lo que pasa lo sabemos, pero no se dice. Cigarrillo compartido, boquilla y saliva, también compartidas. Adolezco tu adolescencia que tensa mi cuerpo. No puedo, no debo, no quiero. Sí, quiero. De tu boca sale un puñal que corta, que duele, que quema. Te mudas a Italia porque te llama el futuro. Y yo sonrío, hipócrita, complaciente, mientras mato mi presente. 

ALP

(Microcuento presentado para el IV Concurso de Museo de la Palabra - España)


CAOS


La lluvia complica, y nos apuramos porque llueve. Los trámites al banco antes que cierren. La calle es un caos, la lluvia bendita que empapa me contagia la urgencia.

La puerta de un taxi se abre y me río de mí, de mi imagen borroneada y de tu invitación. Vamos, mujer, que llueve, dice el caballero asesino y yo agradezco al compañero de oficina que me salva. La carpeta con los cheques apenas tapa mis piernas mojadas y tu mano que se extiende con un pañuelo blanco, las seca. No llegamos. Muchos autos. El banco cerró en nuestras narices. Tu mirada inquisidora se coordina con la mía. Nunca lo dijimos pero pensamos lo mismo. Entramos al hotel y ya no importa la lluvia que complica. Ni tampoco hay apuro porque llueve. Ahora, en la habitación, se desata el caos.

ALP

(Microcuento presentado para el III Concurso del Museo de la Palabra - España)

viernes, abril 25, 2014

OTOÑO BELLO Y MÍO



Por esta razón que paso a explicar, adoro el otoño. El mes de Abril, especialmente. Mi mente me trae de vuelta al presente las épocas de colegio, el regreso a casa con los aromas de las comidas de mamá. Las milanesas, las comidas al horno. El cacao caliente y el pan con manteca y dulce. Los tostados de jamón y queso que nos hacía, a mis hermanos y a mí, tenían su marca registrada.
También me trae el recuerdo de las mismas etapas escolares y estudiantiles de mis hijos. Verlos “a salvo” en casa, disfrutando de sus cosas y haciendo las tareas.

El otoño para mí es mágico. El olor en el aire de plantas nuevas, de flores de la estación y hasta de la alfombra de hojas secas son vivencias que me llevan y me traen a las épocas más entrañables de mi vida. Recuerdos que atesoro, porque son de oro, como esta misma estación del año.

ALP

domingo, enero 19, 2014

OLA DE CALOR ENERO 2014

Estamos viviendo una ola de calor que hace estragos en nuestro país. Espero que no haya más cortes de luz ni de agua. La vida cotidiana se hace insoportable y las vacaciones son muy caras. Sigamos soñando con playas lejanas...