MIS HISTORIAS. La alquimia entre la realidad y los sueños. Entre los sueños y la imaginación.







miércoles, octubre 31, 2007

IMPERATIVO DE UN FUTURO PERFECTO


Siento y me place reconocer que todo mi ser humano es de tu entera propiedad.

Mi cuerpo es un mapa que recorres con las yemas de tus dedos, de día, de noche, con tu mirada en la mía o con los párpados cerrados.

Reconoces de memoria mis contornos, mis lunares, mis centros de conexión instantánea, los mismos centros que fueron creados para hacer que los labios, los suspiros y los latidos, se dibujen alineados en el pentagrama de mi excitación.

En tu abrazo repentino, las monedas del bolsillo de tu chaqueta, al tintinear, marcan el instante en el cual debo respirar otra vez, para no desfallecer.

Erizada, expectante, erguida. Siento que soy la personificación de Praga, la ciudad de las cien torres, porque a medida que acortas las distancias previas al abrazo, mi cabeza se alza para esperar tu beso, y mis manos se elevan en busca de tus mejillas que amo así, con barba de dos días.

Un hombre nos mira y llamando a su perro, se aleja lentamente para no perderse la danza de detalles de nuestro amor…


- ¿Qué me contestas, entonces? ¿Hacemos este viaje? ¿Escuchaste lo que dije? Te quedaste embobada mirando el catálogo…
-Te amo.



APL©2007

jueves, octubre 11, 2007

SUCEDIÓ EN EL TABLAO


En este mundo púrpura de revoleo de faldas y volados, el tablao parece pintado de furioso rojo, por las luces que lo bañan. Aquí se desatará la pasión flamenca. Esta noche se enfrentarán el Pipi y el Toni, cantaores de raza, y abolengo de guitarra, cajón y castañuelas. El duelo de piernas y talles fibrosos será en lo de Carmen Clavijo, madre de Soraya, la bailaora, y su heredera directa en baile y zapateo.

El patio andaluz tiene un aire distinto esta noche. Las mesas con velas y flores esperan la llegada de los comensales, que buscan embriagarse con música, vino y tapas. Hay duende.

La anfitriona, de largo vestido y mantón color sangre con flecos de seda, y un clavel enredado en el pelo, me recibe con una pequeña copa de jerez y me conduce hasta la mesa reservada. Es temprano y aún no empieza la función.

Recorro el lugar con la mirada. El tablao tiene un pequeño escenario de tablones, que se hará oír en breves instantes. Contra la pared, se ven las seis sillas para los artistas de palos diferentes. Tres para los molineros y tres para los tarantos. Sobre los altos respaldos, varios mantones floridos clavados en la pared, atraen las miradas de los que van llegando.

“Esta noche, el duelo entre el Pipi y el Toni, que se enfrentarán a morir por Soraya, la bailaora con corazón sin dueño. El cante jondo y el cante festero, aquí, para usted, a la medianoche”.

El afiche es un imán y el patio rebosa. Todos quieren ver a quién de los dos elegirá la bailaora flamenca.

De pronto, bajan las luces y distingo las siluetas de los que esta noche harán hervir la sangre con su arte. Un haz rojo, ilumina a los cinco hombres que ya se han ubicado en sus sillas. De un lado, los molineros: una guitarra, la voz del Pipi, y un gitano sobre el cajón, golpeando para caldear el momento. Su pelo largo se agita y aleja el mechón de la frente, con el dorso de la nudosa mano.
Del otro, los tarantos: otra guitarra, el Toni en el cante, y Soraya haciendo palmas junto a las notas que saca el del cajón. Se miran, el Pipi, el Toni y Soraya, como midiendo el desafío en ciernes.

La bailaora abre el fuego como poseída, con un zapateo que hace mover apenas, el escote juvenil, y el público encuentra motivo para un festejo febril. Las guitarras envuelven el cuerpo de la gitana con sus acordes sensuales. De la garganta del molinero, como un lamento se desgrana la historia que cuenta su amor por Soraya. Ella baila luciendo el talle de junco mientras toma el ruedo de sus polleras y dibuja música en el aire. El molinero le canta y le entrega el corazón, que sangra de amor esperando ser el elegido.

Es el turno del taranto. Vestido de negro, libera tres botones de la camisa y su pecho brillante de sudor, se agita mientras canta con sentimiento y las notas agudas dan muestra de su pasión.
La joven baila, sin prestarles atención, coqueteándole al público, que acompaña con aplausos el ir y venir de su danza. Luego se sienta en su silla sin dejar de zapatear y de palmear.
El Pipi y el Toni, a cada lado de la bailaora que aún respira agitada, siguen su duelo canoro, acompañados por las guitarras.
El Toni, dando la espalda al fervoroso público, extrae la navaja escondida en su cintura y la muestra en un paso de baile, hasta que de un giro certero la clava en el costado del Pipi, que cae desplomado a los pies de Soraya. El público aplaude enardecido por la magnífica escena.
Carmen, la dueña del local, que mira desde la barra, se pone de pie y aprieta los labios.
Soraya se arroja junto al cuerpo del Pipi y lanza un sollozo que traspasa los aplausos.
Las voces de a poco se van acallando. No es teatral ni ficticia la sangre que brota del cuerpo del molinero. El duelo ha sido real. Y la bailaora llora de verdad.

Ya todo terminó. No hay nada que aplaudir ni festejar.

Salgo del patio andaluz, sin ganas de ver más. El afiche de la entrada sigue prometiendo placer y alegría. Me hago a un costado para que cierren las puertas de un tablao púrpura, de sangre y dolor.
Oigo a lo lejos el llanto de Soraya que se mezcla con el ulular de una sirena, y miro hacia el cielo estrellado, que está sereno y en paz, como si nada hubiera ocurrido, en esta madrugada fatal.


APL©2007

martes, octubre 09, 2007

UNA SANTA RITA EN FLOR


-En este mundo púrpura que crea la Santa Rita en flor, sobre este mismo banco de azulejos blancos, bordeados de azul, me sentaba de muy niña a contemplar mis tesoros. La enredadera, recuerdo, se había enseñoreado abarcando casi toda esta pared formando una especie de marco, a veces solo verde, a veces solo púrpura. Ahora está más pequeña y recortada. Claro, a gusto de sus dueños. Y este banco, en el medio, invitaba a sentarse. Hay muchas fotos guardadas, en las que están mis abuelos, mis tíos, mis primos, mi mamá con mi hermana bebé, mis padres, mi hermano y yo. Todos querían sacarse una foto sentados aquí, en medio de la pared vestida de rojo. Desde la calle la gente que pasaba, aminoraba su apuro y se quedaba un instante admirando aquella enredadera increíble, a la cual otras plantas del jardín no le quitaban protagonismo. En serio, eh? Ni siquiera la glicina, del otro lado, que estallaba en racimos para llamar la atención.
Le estaba contando que aquí, en este banco, en el hueco de aquella enredadera florecida, me sentaba a contemplar figuritas con brillantes, a leer las aventuras de Alicia, y a llorar en secreto por Belleza Negra o Chicharrón. Bueno, usted es muy joven y tal vez no sepa de qué estoy hablando. Pero, estar sentada aquí otra vez, hace que afloren todos los recuerdos juntos, y es como si no hubiera pasado tanto tiempo, desde que mis padres decidieron mudarse y la tuvieron que vender. Hoy vine por el aviso, justamente estaba buscando una casa, y me dije: “¿Cómo estará esa casa? ¿La habrán cuidado bien?” Y aquí estoy, aunque parezca mentira, de nuevo en mi hogar. Y la Santa Rita me estaba esperando…
-Entonces, ¿va a dejar una seña hoy mismo?
-Sí. Ya.
-Pasemos al comedor, para hablar de las condiciones…
-Perdone si hablé demasiado…
-Señora, usted está en su casa.
-Es verdad, siento que nunca me fui…


APL©2007

ALERTA ROJO




En este mundo púrpura que has creado, veo que no combina mi estilo masculino, austero y tradicional. Como así tampoco el resto de la casa. Pero sé que arrasarás con tu energía y acabarás con la estructurada vida que he llevado hasta aquí.

He visto pasar como sombras, entre medio de baldes chorreados de pintura y andamios hasta el techo, a mi ama de llaves y al mayordomo.

Cuando bajo a desayunar, la mucama ya no me sonríe y tampoco me da los buenos días, demostrando así su gran contrariedad, ante los cambios que te permito realizar.
Hasta la he visto taparse un oído, con no demasiado disimulo, al escuchar tu música preferida con volumen muy alto, mientras me acerca un café.

Es que las paredes del comedor se han vestido de un rojo tan pecaminoso como exultante. La araña de cristales pasó a cuarteles de invierno para dar paso a dicroicas incrustadas en el cielorraso pintado de negro, que lo transforma en un firmamento privado y poblado de estrellas.

Las cortinas, (¡qué habrá sido de ellas!), otrora de encaje blanco como la nieve, ahora muestran una sensualidad y una caída dignas de una sinfonía erótica. Sus rojos oscuros, diferentes al de las paredes, invitan a correrlas para descorrer la fantasía y dejarla al desnudo.

Las floristas de Rivera, sobre el sofá de pana sangre de buey, crean el espacio ideal para que te acurruques en mis brazos, y me pidas que te mime.

La alfombra que elegiste, ( ¡Oh! ¡Dioses del Olimpo!, ¡qué blandura!), muestran arabescos rojos y sinuosos que invitan a deslizarse y permanecer por largos momentos tendidos a lo largo. Tan suave y mullida, que hasta se pueden percibir nuestros contornos de la madrugada reciente.

Las docenas de rosas púrpura miran todavía, con asombro lozano y fresco, desde su pedestal de agua cristalina.

Si amas el rojo, empurpúralo todo. Vajilla, cubiertos, sábanas y toallas. Lo que quieras. Empurpúrame el alma, y el cuerpo, que te los he regalado, por si no lo sabías.

Sí, preciosa muñeca, haz lo que quieras con esta enorme casa que sólo albergaba a un viejo sombrío, triste y casi muerto. Transfórmalo todo y transfórmame a mí, que ya estoy casi listo para ser un nuevo hombre, el que ya casi siento que soy.
A pesar de mis setenta.
A pesar de tus treinta.
A pesar de las miradas.
A pesar de las ironías.
A pesar del qué dirán.

APL©2007

viernes, octubre 05, 2007

PÚRPURA: EL COLOR DE LA VIDA


En este mundo púrpura que se abre al trasponer tu habitación, siento que en vez de acercarme, me alejo de tu universo adolescente.
Es tu mundo, mi niña. Y yo soy una extraña que al entrar a guardar un juego de sábanas, siente a veces, que ha dejado de pertenecer a esta parte de la casa.

Todo el cuarto se tiñe de ese color al encender la luz. El pañuelo de seda que te regalé alguna vez, para un cumpleaños que ya no recuerdo, cubre la pantalla de la lámpara de Aladino de tu escritorio estudiantil.
Al ver ese retazo de fina tela que se agita levemente con la brisa que entra por la puerta y sale por la ventana que dejaste abierta, me pregunto de nuevo qué te atrajo de él, tan poderosamente, ¿el color? ¿la suavidad al tacto? Tal vez, el efecto mágico que hace que tu cuarto parezca otro al encender o apagar la luz.

En los estantes de la biblioteca, los lomos de los libros muestran matices diferentes, haciendo resaltar los títulos plateados y dorados de las enciclopedias.

En natural desorden, los almohadones parecen copos de azúcar, teñidos de rosa, como los que te compraba en las tardes de juegos, en la placita a espaldas de la estación.

Desde la repisa me miran conejos, osos y dragones rojizos. Les confiaste la vigilancia de tus cosas y veo que acatan lo encomendado, porque me siento observada, de manera casi imperceptible.

Sobre el silloncito junto a la ventana descansan tus jeans y la remera que usaste ayer, y reparo en que no falta mucho para que abandones las prendas por otras de un talle más.

Zapatillas, cuadernos, libros. La alfombra donde tendida lees hasta que los párpados se niegan a mantenerse abiertos, cuando se aproximan los exámenes que aceleran tu corazón. Todo se ha tornado púrpura en infinitas versiones del color, según los objetos que son de tu absoluta pertenencia.

Al salir, apago la luz y se detiene la magia. La misma magia que volverá cuando tu mano, cual inquieto colibrí, la encienda otra vez, a tu regreso de la escuela, en unas horas, no más…


APL©2007