MIS HISTORIAS. La alquimia entre la realidad y los sueños. Entre los sueños y la imaginación.







sábado, febrero 09, 2008

LA LUCHA DE AYAAN





Las lágrimas cayeron, al fin, calientes, quemantes, aliviadoras. Desbordados, los negros ojos de Ayaan se cerraron y así pudo escuchar otra vez, su propia voz de niña de cinco años que gritaba con toda la fuerza que salía de su pequeño cuerpecito, víctima de la indefensión total, de la más espantosa, en el seno de su propio hogar. El recuerdo de ese instante se hallaba indeleble, a pesar de las terapias.
“¡No, abuela, no! ¡Me va a doler, no dejes que lo hagan!” Ayaan estaba inmovilizada y apenas podía respirar. Sintió el corte de la carne, en el bajo vientre, en su delicado sexo, y un ardor que la atravesaba, le subía por las piernas, como lava. La sangre tiñó el pequeño vestido, de sangre y horror.
La abuela de la niña había decidido que era necesario quitar ese kintir para purificarla.
“¡Aguanta, ya pasará, es una sola vez en la vida, ya no llores, niña estúpida. Si te lo dejas, te crecerá y lo llevarás colgando entre las piernas para siempre, y ningún hombre se querrá casar contigo!”
La pequeña seguía sin entender las explicaciones de lo que le hacía y le decía su abuela. El dolor, en vez de pasar, iba en aumento.

Después, su abuela materna se encerró en el cuarto con sus hermanos y los escuchó llorar y gritar, también. Cuando salieron, había mucha sangre en sus ropas y todo el espanto en sus miradas.
“¡Ahora están purificados, niños del demonio, y dejen de llorar, ya!”

Ayaan seguía recordando. Esta vez, a su madre, quien le había propinado una feroz golpiza porque había manchado el vestido limpio con su primera menstruación, pero, ante lo cual, contó con su hermano que la defendió:
-"¡No le pegues, madre, no lo hizo a propósito. Se hizo mujer, ya basta!"

La voz del secretario la rescató de sus propias cavilaciones y los recuerdos retornaron al lugar de su memoria:
-Señora, ya está cerca la hora de la sesión. Sus colegas los diputados, la aguardan.
Ayaan se puso de pie, sonriendo levemente con su natural amabilidad. Al incorporarse, dos fotografías se deslizaron hasta sus pies. El empleado, mientras las levantaba, preguntó con timidez:
-¿Son sus hijos?
-No. La niña soy yo. Ellos son mis hermanos. Son retratos que tengo siempre a mano, en mi bolso. No debo olvidar. No puedo traicionarnos.


La diputada Ayaan Hirsi Alí, lucha por los derechos de las mujeres musulmanas y por la libertad.



Actualmente, vive custodiada, porque esta joven de origen somalí, de treinta y siete años, está amenazada de muerte.






APL©2008