EL BOTÓN NUEVO

Por primera vez observó el sol, el exterior no era como lo imaginaba.
Sin embargo, la brisa húmeda del amanecer invitaba a desperezarse, poco a poco.
Otra sensación más, se acopló al instante. Eran aves que cantaban. Irguió aún más su breve cuello, para mirarlas.
La rama más alta del árbol de paltas hacía las veces de balcón y el cuarteto de zorzales competía entre sí componiendo una melodía vital, estridente, nueva y feliz.
Miró a su alrededor y se encontró con que algunos eran semejantes a él. Henchidos de vida como promesas. Otros, más abiertos, ya esperaban desde antes. Entre todos daban una forma redonda a la copa, pintada de delicado color.
El perfume, acentuado por el calor solar, llamaba silenciosamente a las zumbantes abejas de la estación.
Sinfonía en rosa para vestir al duraznero más hermoso de la huerta.
El botón, lentamente, con toda la fuerza de que era capaz, comenzó a abrir los sépalos, luego los delicados pétalos y al fin, desplegando una belleza única multiplicada por cientos, se abrió en toda su plenitud, para recibir del exterior, la nueva vida para la que había sido parido.
APL© 2008




