Mis mejores palabras

Me llamo Alicia, me gusta escribir. De todo. Para todos los gustos. No me preguntes por qué. Pero si algo te gustó, me quiero enterar.

miércoles, octubre 22, 2008

BUENOS DESEOS


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domingo, octubre 12, 2008

DOS CUENTOS SOBRE GIGANTES...



MIRANDA Y LOS GIGANTES

-No vas a poder con ellos, Miranda.
-Sí, voy a poder, y doblegaré este mundo lleno de gigantes. Los haré danzar a mi alrededor. Ya verás.

El pliegue en la comisura de su boca era la muestra cabal de que Miranda hablaba en serio, pensaba en serio y actuaba en serio. Pero solo era la secretaria del director de la empresa de pasta dentífrica más vendida en el mundo, y competía con un detestable gerente que deseaba, muy a las claras y sin pizca de disimulo, que Miranda abandonara la firma. Tan sólo por envidia y algo de temor, pues por escalafón, le correspondería suceder al director, a punto de jubilarse.

“Las oportunidades nos rozan a cada momento. Sólo hay que asirlas”. Y eso fue lo que hizo Miranda en una reunión general, durante la cual, todo el personal, desde el primero al último, podían aportar ideas para elevar las alicaídas ventas.
Desfilaron las ideas más diversas. Hasta que una serena Miranda pronunció una frase que dejó helados a los gigantes:



-Para duplicar las ventas de pasta dentífrica se debería agrandar el orificio del envase. La pasta se terminaría antes de lo previsto, y el público compraría de a dos…




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GIGANTE O ENANA

Sólo basta que tengamos una pequeña introspección durante nuestro diario acontecer, para que, según la circunstancia y pompa, nos consideremos gigantes o enanos. Partamos de recuerdos de nuestra niñez, obviamente, donde está la raíz de algunos de nuestros actuales problemas:

-“No juegues con agua. Te vas a mojar la ropa limpia. Estás recién vestida, para salir”.
He aquí un ejemplo de metamensaje fijo de una madre que perpetraba su tarea específica, hasta convertirla en una tortura de por vida, ya que ella formaba parte del mundo de los gigantes que nos limitaban y nos conducían en nuestro desarrollo. Ella no lo sabe, pobrecita. Pero ¡cómo he llegado a odiarla durante los carnavales!
-“¿Vamos a jugar con agua?”
-“No puedo, mi mamá se va a enojar si me mojo la ropa.”
Adiós diversión, para siempre.
-“¿Puedo comer un turrón?”
-“¡Ni se te ocurra! Falta poco para cenar, además, se te pican todos los dientes.”
Cuando veo turrones sobre la mesa navideña, lloro…
-“Quiero figuritas con brillantes.”
-“No, las vas a perder.”
Nunca más pedí figuritas.


Ahora que también soy un gigante, a veces me pregunto… ¿cómo deberé criar a mis hijos, para que no se sientan enanos, como su madre antaño?


APL©2008

viernes, octubre 03, 2008

NOCHE DE ESPÍRITUS


El haz de luz dio sobre su cabeza como era de esperar. La gelatina violácea que le habían colocado al foco, bañaba el cuerpo entrenado del actor, y agigantaba su impronta, hasta transformarlo en el personaje aguardado con impaciencia.
Al público sediento y hambriento, había que darle todo. Y darle todo significaba olvidarse de sí mismo.

Sin ser advertida, disimulada entre uno de los pliegues de la utilería, la máquina de humo bajo se abrazó al haz de luz y juntos se amaron frente al público. El lenguaje lumínico y audaz pronunciado por ambos, era tan inquietante como necesario, en ese inmenso lecho con forma de escenario. Los acordes de Berlioz agregaban morbidez de sedas, a la escena.

Y por fin, el nigromante Fausto que todos deseaban ver, bebió el aire con ansia sensual, para desplegar su monólogo blasfemo y pecaminoso, mientras cada palabra que salía libre de su boca, permanecía sobrevolando la platea durante unos instantes. Era el éxtasis. El cerrado y apasionado aplauso, demostraba una vez más que el espíritu de Goethe, se regocijaba como un niño travieso, cada vez que subía el telón de color verde veneno.

Imaginé que el haz de luz llegaba desde el averno…


APL©2008