
India, época colonial. La corona británica se apodera del país.
Seema es mitad niña y mitad mujer. A sus nueve años ya sabe más de la vida que cualquier niña de otra latitud.
En el gesto de espantar moscas de su cara, se nota bien, ese contraste. Muestra una mano pequeña, junto a unos ojos cansados.
El cipayo la observa mientras Seema va y viene cumpliendo los mandados de su madre enferma. Y la pequeña comienza a temblar como una hoja a punto de caer de la rama, cuando percibe esa mirada densa como el aceite de la tinaja.
El miedo no se comparte. Y ella no puede ni respirar.
Nadie escucha los gritos de Seema.
La encuentran dos chicos de su edad, al costado de un camino, detrás de las piedras.
Su cabeza está sobre el suelo polvoriento, su cuerpito yace denigrado y en los ojos, el pánico muerto.
El ejército convierte a los hombres en animales, que roban hasta las almas de sus mismos compatriotas.
El terror ha comenzado a derramar sus tentáculos sobre los caseríos, cobrando en moneda corriente. Debilidad y sumisión en la joya de la corona…
En el gesto de espantar moscas de su cara, se nota bien, ese contraste. Muestra una mano pequeña, junto a unos ojos cansados.
El cipayo la observa mientras Seema va y viene cumpliendo los mandados de su madre enferma. Y la pequeña comienza a temblar como una hoja a punto de caer de la rama, cuando percibe esa mirada densa como el aceite de la tinaja.
El miedo no se comparte. Y ella no puede ni respirar.
Nadie escucha los gritos de Seema.
La encuentran dos chicos de su edad, al costado de un camino, detrás de las piedras.
Su cabeza está sobre el suelo polvoriento, su cuerpito yace denigrado y en los ojos, el pánico muerto.
El ejército convierte a los hombres en animales, que roban hasta las almas de sus mismos compatriotas.
El terror ha comenzado a derramar sus tentáculos sobre los caseríos, cobrando en moneda corriente. Debilidad y sumisión en la joya de la corona…
APL©2008

