MIS HISTORIAS. La alquimia entre la realidad y los sueños. Entre los sueños y la imaginación.







domingo, diciembre 06, 2009

ROGER, APICULTOR, OJOS DE CIELO




Roger era apicultor de alma y aún ataviado con su traje blanco y la máscara con mosquitero verde, continuaba pareciéndome un lord inglés.
Era el encargado general de la cría de reinas y de toda la producción de la miel que vendíamos en nuestra finca de Villa La Angostura. Provenía de una familia inglesa, dedicada a la explotación de uno de los alimentos más antiguos de la humanidad y sabía todos los secretos en cuanto a abejas se refería. Hasta podía llegar a saber, por el color y la densidad, de qué flores provenía el noble producto. Y nunca se equivocaba.

Roger amaba el camino de los Siete Lagos de nuestra Patagonia, y más de una vez brillaban sus ojos del mismo color de las frías aguas, añorando su lejana adolescencia transcurrida en suelo británico, parecido, según él, a nuestro sur.

Un día, el peón que lo ayudaba en las tareas de apicultura, nos vino a avisar que no lo había visto dirigirse hacia el sector de los colmenares, como era su diaria rutina.
Cerca del mediodía, después de buscarlo por todos los rincones del campo, lo encontramos debajo de un alerce añoso, de ramas retorcidas. Estaba muerto, sentado contra el tronco, como si se hubiese detenido a descansar por un rato. El silencio que reinaba en la pequeña loma enmarcaba la imagen del hombre. Sólo se escuchaba, el zumbido de las lanchas de algunos turistas, ignorando lo ocurrido, debajo del árbol que había servido de lecho mortal.
Sentimos mucha pena por él. Y por nosotros. Pronto cumpliría setenta años. Tenía una vitalidad asombrosa y ejemplar.

Nadie se animaba a moverlo. Quizás, cada uno de nosotros, en el fondo del alma, deseábamos que sólo estuviese durmiendo una pequeña siesta.
Aún así, lo trasladamos entre todos hasta su pequeña casa, pegada al alambrado, y con gran respeto lo depositamos en su cama. Nos miramos con la tristeza reflejada en nuestros ojos, y nos dimos cuenta de lo solo que estaba Roger en el mundo. Jamás le conocimos familiar o amigo alguno. Lo único que sabíamos era que había aprendido de sus abuelos, a recolectar miel.

Hicimos los arreglos para que sus restos tuvieran un oficio digno. Sería sepultado en un pequeño cementerio junto a la iglesia del pueblo.
Estábamos en plena ceremonia de inhumación, cuando de pronto empezamos a asistir a una escena asombrosa. Enjambres de todas partes comenzaron a llegar para quedarse suspendidos sobre el féretro, mientras el sacerdote, sin inmutarse, continuaba con la oración de difuntos. Las abejas zumbaban, girando sobre la tumba abierta. Algunos de los asistentes estaban inquietos, pero permanecían a los lados, en señal de respeto.
Un viejo labrador, con voz ronca, apenas audible, advirtió:
-Ha comenzado a soplar viento del sur. Eso las pone nerviosas, de manera que no se mueva nadie de su lugar. Pronto se irán.
Efectivamente, cuando los sepultureros terminaron de arrojar las últimas paladas de tierra sobre el féretro, en medio de un enorme torbellino, las abejas se volvieron a encolumnar y se alejaron. Habían realizado una increíble ceremonia de despedida.

Tiempo después, en cada primavera, al ver florecer los cardos, la alfalfa y los tréboles no puedo evitar el recuerdo de la miel clara y liviana que recolectaban las manos sabias de Roger, el apicultor de ojos de cielo.


ALP©2007 - Inspirado en mi papá que fue un gran apicultor.

lunes, noviembre 09, 2009

BESO DE CERA


Y me largué a ir sola al museo. ¡Qué diablos! Al final, sucedía siempre lo mismo. “Vayamos el martes” “No puedo el martes” “Entonces, el miércoles” “Tengo curso, no puedo” “¿Y qué día podés?” “No sé, te llamo”.

Me cansé. El viaje hasta el centro, es largo para ir sola, pero me atrajo mucho la idea de visitar el famoso museo de cera del que tanto hablaba la gente. Según me habían contado , las estatuas que reproducen personajes famosos del todo el mundo, eran increíbles en cuanto a la calidad de los materiales con los que estaban hechos, y por la versatilidad de los rasgos físicos.

“Parecen tan reales, que sentís la sensación que estás frente al original”. Esa frase fue la que me quedó dando vueltas en la cabeza, para que tomara la decisión de ir, sola o acompañada. Para el caso era lo mismo.


La tarde del jueves la tenía libre de alumnos, de manera que tomé el tren en la estación de Munro, desde Retiro el subte hasta Lavalle y desde allí, por Esmeralda, caminé hasta Viamonte. Me extrañó no encontrarme con el Vikingo, que siempre anda por esa zona, acompañado de mulatonas curvilíneas y haciendo combinaciones en los ramales.

Crucé la calle con la emoción que me producía la cercanía del museo. Al llegar, una especie de mayordomo vestido con smoking, me puso en clima de suspenso.

“A la flauta” pensé. “¿Será de cera éste, también?” Me sonreí de mi propio chiste pavo, y él lo tomó como gentileza, mientras me saludaba dándome la bienvenida.


La galería de personajes quedaba en el primer subsuelo. La música de Vangelis inundaba el recinto y combinaba con el lugar.

El piso totalmente alfombrado, sofocaba los pasos y absorbía las voces con los comentarios admirados de los pocos que estábamos en el museo, a esa hora.

Las estratégicas dicroicas proyectaban las sombras de cada estatua, contra las paredes cubiertas con cortinados de voile, brindando un particular efecto a las figuras, las cuales estaban dispuestas como si estuvieran realizando alguna actividad determinada.

Por ejemplo, la estatua de Eva Perón, sentada frente al tocador, cepillándose el pelo, tenía un realismo que hacía emocionar.

La figura de Marilyn Monroe recostada sobre el césped, era la que concentraba la mayoría de las miradas masculinas.

Causaba un fuerte impacto pararse frente a un General Videla, que parecía desafiarnos con su mirada muerta.

La estatua del rockero Pappo, era asombrosa. Los jóvenes lo miraban con ojos húmedos, impresionados por el pelo sobre su rostro, y ataviado con ropa de cuero negro, montado en su moto, con gesto apacible.


Durante largo rato fui recorriendo cada rincón de la galería, extasiándome ante cada personaje, por la perfección que mostraban, tanto en la imitación de la piel, como en la calidad de sus vestimentas.

De pronto, me encontré frente a frente, con la estatua de Richard Gere, el actor norteamericano, por el cual morimos varias. Estaba ahí, tan cerca, mirándome y extendiendo sus brazos, invitándome con su sonrisa única. Me acerqué lentamente, me paré muy cerca de él, lo rodeé con mis brazos y le ofrecí mi boca anhelante y deseosa, para cumplir mi sueño tan largamente postergado. Cerré los ojos, y fue tal mi emoción que no me di cuenta que junto a mí se había parado el mayordomo de smoking, que no estaba hecho de cera, y que con una lasciva sonrisita me dijo:

-Mirá que éste está más frío que una heladera, mamita. Si necesitás un tipo de sangre caliente, acá lo tenés a papito…


Recién al llegar al andén del tren que me llevaría a casa, me empezaron a bajar las pulsaciones por el tremendo papelón que había sufrido en el museo. Todavía no puedo recordar cómo hice para llegar desde ese lugar, hasta el subte.

Menos mal que tampoco me lo crucé al Vikingo en ese estado, porque no hubiera sabido cómo explicarle lo ocurrido. Es más, no se lo hubiera dicho tampoco, porque él se lo podría contar a sus amigos, y mi vergüenza sería mayor, todavía.


Ah! Al museo no volví a ir, porque no encontré a nadie que me quisiera acompañar, están todos tan ocupados, siempre…


ALP©2007
(Cuento escrito para el Foro Literario LEÓNIDAS)

A BARILOCHE EN BATATA

El tipo había desechado lujos, clase V.I.P. y cuanto privilegio le ofrecían, para tomarse unas vacaciones normales.
“Normales”, había dicho, y el rostro de Moneypenny abandonó la expresión de devoción hacia Bond, para reflejar un total desconcierto.
También despreció la oferta de usar el Aston Martin, el Lotus o el Audi. Pidió un Citroën 3CV, para emprender sus vacaciones.

Las sales aromáticas surtieron su efecto. Moneypenny, repuesta del desmayo, tomó el teléfono, la guía comercial y ordenó a uno de los secretarios privados que antes del mediodía deberá estar estacionado en el garage, un Citroën 3CV de color gris.
-¡No! ¡Dije gris metalizado! – tronó Bond desde su sillón.
Luego, el 007 eligió el lugar turístico de su preferencia. Otra vez el rostro femenino viró al pálido mortal. Bond, poniéndose de pie lentamente, tomó con suave firmeza la mano de la joven, cuyo índice, al deslizarse por el plano de hoteles, se había detenido en Grecia.
-Honey, dije B A R I L O C H E.
La voz del agente denotaba una paciencia a punto de agotarse. Sin soltar la juvenil mano, apoyó el dedo hasta donde se leía claramente Bariloche.
-¿Su…Su…Sudamérica..? – balbuceó la chica.
-Exactamente. Muy buena tu pregunta. Veo que tus días de estudiante no han sido en vano. Haz por favor la reserva pertinente…

Con todo lo necesario para iniciar el largo camino que le esperaba, Bond tomó un último café a la turca y se sentó al volante. Los anteojos oscuros reflejaron las ventanas, donde veía a una absorta Moneypenny esbozando un tímido “good bye”. James captó el mensaje de esos labios, sonrió y encendió el motor.

Bariloche amaneció con cielo despejado. El 3CV cero kilómetro había respondido perfectamente a la exigencia del conductor. Bond jamás había conducido a tan baja velocidad, pero el disfrute de sus vacaciones incluía esa condición. El Dr. Kingsley le había aconsejado que no le pidiera tanto a su corazón. Y acató la orden a pie juntillas.

El hotel de tres estrellas distaba a una cuadra del centro comercial de San Carlos. El paisaje era idéntico al documental que había visto en Londres. Se enamoró del panorama lacustre a primera vista.
El botones, cargando con el escaso equipaje, lo condujo al lobby. El conserje, detrás del mostrador, le sonrió mecánicamente y le tomó los datos:
-¿Nombre?
-Eeeeh…Fleming, Ian Fleming -
mintió Bond.
-¿Placer o negocios?
-Sólo placer.
-¿Viaja sólo o espera a alguien más?
-Depende. ¿Necesita saberlo ya?
-No, pero es por la cama. ¿Simple o doble?
-Doble, no podría hacerlo en una pequeña cama, aunque…
-Comprendo. Lo haré conducir hasta la suite especial.
-No. Deseo habitación común. Lo mismo que el menú. Tradicional, simple. ¿Muchos pasajeros?
-No, hasta ahora uno sólo. Parece que ambos vinieron hasta aquí a buscar el verdadero placer…
-¿Es alguien famoso?
-No, es un tal James Bond…
-¿¿¿Quién?????????


ALP© 2006
(Consigna de La Nación: "Las vacaciones de James Bond")

sábado, noviembre 07, 2009

VENECIA AUTÓCTONA


Acabo de mudarme a mi nueva casa y mi prima Mabel se acerca para darme una mano con la mudanza. ¡Mi casa! Pensaba que el divorcio me había borrado el deseo de ser feliz, pero al contemplar todo lo que me iba a acompañar de ahora en más, en mi nueva vida, mi corazón palpitante y emocionado, me dice que estoy más viva que nunca.


-Dame la llave del sótano, para guardar las herramientas. Mañana tempranito van a venir el paisajista con el jardinero y las van a necesitar, sin dudas.

-No hay sótano. Guardá todo en el cuartito del fondo.

-Sí, hay sótano. Por eso te pedí la llave.

-No hay sótano - digo con firmeza.

-Vení a verlo, por favor… - dice Mabel con insistencia.

Estamos frente a esa puerta misteriosa, semi oculta por los largos brazos de la glicina, y nos miramos sin entender nada. Pero la gran revelación nos espera al abrirla. Mabel junta sus fuerzas con las mías, y podemos vencer su resistencia, ya que por el paso del tiempo, las lluvias y los veranos, la puerta parece clavada.

Extrañamente, la lamparita de la entrada funciona y su luz se refleja en el agua que llega hasta la mitad de la angosta escalera. El agua de un río subterráneo corre bajo el terreno y quizás, bajo mi casa también.

Entonces sin dudarlo, subimos al bote amarrado a un costado. Mabel con la linterna ilumina hacia adelante y yo con el único remo, impulso la pequeña embarcación hacia un punto luminoso que se distingue al final. Las agujas luminosas de mi reloj pulsera nos indican que hace algo más de media hora que estamos a oscuras en el bote, yendo hacia quién sabe dónde.

Además, tratamos de seguir en línea recta, para no desorientarnos, ya que cada más o menos cien metros, nos cruzamos con un canal transversal.


Al rato, aparece otro bote que viene en sentido contrario. Abro mi boca para decirle algo a la persona que apenas se distingue y cuál no es mi sorpresa al reconocer al hombre de la inmobiliaria, mostrándoles el río secreto, a futuros compradores de alguna propiedad vecina.
Nos saludamos, y sólo atino a pensar en mis futuros vecinos.
-Ojalá que sean gente de buenas costumbres – le comento a Mabel.
-Yo pienso igual. En este barrio no es habitual escuchar sobre historias locas o escandalosas… - responde ella con un suspiro.

Al cabo de otra media hora, decidimos regresar, para lo cual giro con cuidado, y al salpicar levemente nuestros brazos con el remo, nos damos cuenta que el agua está bastante fría. Instintivamente doblo por el canal correspondiente a nuestra recién descubierta puerta en el jardín, amarramos el bote, subimos la escalinata, y al emerger en mi jardín, vemos que la vecina de enfrente agita su mano y nos dice en voz alta:
-La próxima vez que hagan ese paseo, no olviden llevarse un chal o una chaqueta. Ayer pesqué un resfrío por la humedad de los canales…


ALP©2006

sábado, octubre 31, 2009

COMO LO SOÑÉ, TE LO CUENTO


Este sueño lo tuve durante la mañana del sábado 31 de Octubre de 2009. Me había despertado temprano, pero al ver que había amanecido lluvioso, y todos dormían, me volví a acostar.

“Entré a la cocina y ví a mi madre preparando una bandeja con bocaditos. Sobre la mesa había más bandejas llenas. Había poca luz en el ambiente, pero a ella parecía no importarle. Parecía disfrutar mucho de lo que estaba haciendo. Siempre tuve la idea de que en esa casa de Florida, la iluminación era insuficiente. La recuerdo sombría, tal vez por el gusto de mi madre de que manteniéndola en penumbras era más fresca durante los veranos.
-¿Te alcanza la comida?-pregunté preocupada.
-Sí. En la heladera siempre guardo un poco de todo, va a alcanzar, vas a ver.

En el comedor había una larga mesa tendida. Estaban todos nuestros familiares sentados, charlando ruidosamente, esperando que mi madre dispusiera las bandejas.
Pensé, con un dejo de sarcasmo, que cuando hay comida abundante y gratuita, nadie se lo pierde.

Antes de integrarme a la reunión, fui a dar un vistazo alrededor de la casa, como hago siempre, para asegurarme de que todo estuviera en orden.
Entré a mi dormitorio, que da sobre la ochava, el cual también estaba penumbroso. Al asomarme por la ventana vi a la niña morochita que estaba sentada en el suelo. Había colgado una bolsa de plástico, como de mercado, del lado de afuera, como para evitar que se le cerrara. La puerta ventana siempre me pareció insegura, fácil de abrir, y ahora lo estaba comprobando. La chica, sin dudas, estaba esperando a alguien para dejarlo entrar, también, a la casa.
La tomé de un brazo y la saqué afuera, dándole la bolsa, la cual no revisé. Este detalle lo recordé más tarde. Cerré la puerta con doble vuelta, saqué la llave de la cerradura y corrí las cortinas para que no se pudiera ver para adentro.

Al regresar a la cocina, le comenté a mi madre:
-Fui a hacer de policía, como hacía papá. Me quedo más tranquila si reviso todo.
Mamá se sonrió y apareció papá, tan saludable y pulcro como acostumbraba a estar la mayoría de las veces. Hacía mucho tiempo que no lo veía así. Me inundó una alegría tan desbordante que lo abracé muy fuerte y le besé la mejilla izquierda, que estaba tibia y suave. Seguramente hacía poco que se había afeitado. Mi felicidad era muy grande.

En el comedor hacían falta sillas, de manera que fui a buscar algunas fuera de la casa. Bajé las escaleras. Las enredaderas habían crecido sobre los escalones.
La gente pasaba en grupos por la vereda y me mezclé con esas personas nada más que por curiosidad. Comentaban que iban a una galería nueva donde los negocios tenían cosas novedosas y originales.
El lugar era enorme. Los locales estaban unidos por galerías de techos curvos. Vi mucha madera y plantas. La gente que paseaba era muy linda, parecían elegidos a propósito, para que todos los miraran con admiración. Al menos así me parecía a mí al verlos.
Las mujeres parecían modelos, y yo estaba contenta porque me había arreglado el pelo y no tenía nada que envidiarles. Noté que me miraban el vestido que llevaba, largo, de broderie blanco.

En la galería me perdí, creo que me desorienté. A otra chica que estaba recorriendo la galería le pasó lo mismo. En un local de peluquería, ví una silla de ruedas y le dije a la chica que estaba conmigo que me dolían las piernas. Por un rato me llevó, empujándola, pero después sin darme cuenta, estábamos otra vez en una esquina, preguntando para qué lado quedaba la calle San Lorenzo. La silla de ruedas la dejé junto a un macetero que ví a la entrada de un local.
Una chica, que parecía sincera, me dijo:
-¿Ves aquellos árboles donde la calle da la vuelta? Bueno, ésa es San Lorenzo, pero podés tomar el colectivo acá, que pasa por ahí.
Le dí las gracias, pero no tomé ningún colectivo, porque no tenía monedas encima.

Empecé a caminar en busca de la calle San Lorenzo. Cada vez que preguntaba notaba que había menos gente y estaba oscureciendo. Y la calle quedaba más y más lejos. Pensé que en casa estarían preocupados por mi tardanza. No se me ocurrió pedirle a alguien un teléfono celular. Sólo me preocupaba no tener monedas para un teléfono público.

Era casi de noche. Los que pasaban se daban cuenta de que yo estaba en camisón porque no me había puesto la bata más larga. Me envolví con la sábana y empecé a caminar más ligero pero estaba descalza y no me podía apurar más…”

La voz de una nena que pasaba por la vereda, junto a la ventana de mi dormitorio, me despertó. Lo primero que recordé del sueño fue el abrazo que le dí a mi papá. Y después de fijarme la hora en mi reloj pulsera, me puse a llorar.



ALP©2009

miércoles, julio 29, 2009

ODA A LA MESA DE LA COCINA


Desde recibir amigos improvisando una “pizza party”, hasta levantar los platos del almuerzo para que los chicos hicieran las tareas de la escuela.

Desde tomar mate mientras hojeamos los diarios del domingo, hasta cambiarle los pañales al bebé.

Todas, o casi todas las instancias de nuestra historia familiar pasaron por esta querida mesa de la cocina. Si hasta podría ver de nuevo, si cierro los ojos, la expresión de Eugenio, hace más de veinte años, cuando le mostré el resultado de los análisis que me habían entregado en la clínica, donde estaba documentado mi primer embarazo.

Ese día, sobre la mesa de la cocina, juntamos nuestras manos y lloramos de alegría.

Y nunca olvidaré que mi papá apoyó aquí su mano, como asustado, cuando le contamos que iba a ser abuelo.

La mesa de la cocina había cobrado institucionalidad dentro de la casa, a partir de hechos significativos para todos nosotros. Para mí, tender el mantel recién estrenado, era y sigue siendo, el momento más encantador, antes de servir la comida hecha con mis propias manos, cuando nos sentábamos todos juntos a comer. La mesa se vestía de gala, realmente.

No, no voy a deshacerme de la mesa. De mi mesa. De nuestra mesa.

Desde hacía un tiempo, Analía, mi querida e innovadora amiga, me venía acosando con sus comentarios acerca del curso de Feng-Shui que había iniciado. Por razones de cercanía, la primera víctima de sus experimentos fue mi casa.

Ella deseaba desesperadamente darle el toque oriental a mi cocina, y obviamente, centralizó sus miradas en la mesa de la cocina. Me hablaba de remodelar esta parte de la casa con biombo, esterillas y crisantemos, hasta que por fin dijo la palabra mágica que marcó una fisura en nuestro afecto: “tatami”.

-Analía, estoy dispuesta a transformar esta cocina en una pagoda. Pero desde ya te advierto que la mesa no se toca.

-Desde hace mucho tiempo te estás quejando de dolor de espalda, me dijiste que tal vez habría que cambiar algunos muebles por otros más confortables. Creo que ha llegado el momento de hacerlo, ¿no crees? El tatami es saludable, te hace mantener la espalda derechita y…

-¡No! Esta mesa es sagrada. Nunca la voy a sacar ni vender ni reemplazar por esa cosa china. Además, sería desastroso que justo en el momento de comer entrara el perro y… No quiero ni imaginarme. Sería muy desagradable. No, ya lo tengo decidido.

-Deberías escuchar a mis profesores ¿Vendrías como oyente a una de mis clases? Vas a enterarte de cosas muy interesantes sobre cómo influye sobre nuestra vida, el entorno en el cual estamos y nos desarrollamos.

Tuve que acceder a la invitación de Analía. Pero no porque me hubiera convencido sobre el tema, sino porque de esa manera aflojaba un poco con sus consejos. ¡Estaba tan obsesionada, la pobre!

Cuando por fin me presentó al Grand Master Chan Kun Wah, la primera impresión que tuve fue la de estar frente a un verdadero asceta. Más serio e inexpresivo que un coco.

Pero su mirada tranquilizadora me transmitió la promesa de un mundo fascinante y desconocido. Gracias a mis años de estudios de filosofía, pude sintonizarme con el profuso y deslumbrante discurso del profesor. Era tanta la reveladora información que yo estaba recibiendo, en esos momentos, que llegué a sentirme culpable por la decoración personalizada que siempre insistí en practicarle a mi hogar.

Pensaba que si este plantel de cerebros chinos llegara a entrar en mi casa, además de invitarme a hacerme el Hara-Kiri, aunque fuera un ritual japonés, me ordenarían tirar todos los muebles a la basura.

Por lo visto y escuchado, el Feng-shui era más importante de lo que yo podría llegar a pensar. Lo creí más todavía, cuando supe que en otros tiempos había sido tema de estado.


Cuando la clase llegó a su término, durante el viaje de regreso a casa, Analía me miraba con insistencia buscando mi total aprobación, en cuanto al proyecto de instalar un tatami en el medio de mi cocina.

-¿Y? ¿Te convenciste que yo tenía razón? ¿Cuándo empezamos con el operativo “vida nueva”?

-No me apures, Analía, no va a ser ni fácil ni inmediata la respuesta. Hay que tener en cuenta que no vivo sola.

-Empecemos por cortarle las patas a la mesa de la cocina, para ir logrando el clima, entonces.

-¡Jamás! La mesa es sagrada. Lo último que haría en la vida sería cortarle las patas a mi mesa. Además, es de estilo, no podría rebajarla, hablando con propiedad.-Pero te provoca dolor de espalda, porque es alta.

-¡Está bien! La voy a guardar en el altillo, por un tiempo nada más, mientras probamos la manera de vivir de los chinos. Pero te aseguro que a mi familia le va a incomodar. Ya me estoy imaginando las caras…


Esa noche apenas pude dormir. Soñaba que iba al cuarto de las herramientas de Eugenio y con la sierra circular le cortaba las patas a la mesa. Mi cabeza era una máquina de ideas para lograr que Analía no se saliera con la suya. Me sentía una tonta por dejarme convencer tan fácilmente.


Muy temprano, la llamé a mi amiga y fui lo más clara posible.

-Ani, no te enojes, pero cambié de idea. Mi cocina se queda como está. El cambio es tan grande como diferente a nosotros. Te agradezco pero…


Analía se diplomó y se convirtió en profesora y consultora de Feng-Shui. Espero que logre convencer a otros. Porque lo que es a mí, no.

Además, la mesa de la cocina es tan importante en una casa, es el crisol donde se funden todas las cosas que nos pasan, es testigo de lo bueno y lo malo que nos sucede. La mesa de la cocina es sagrada.

Ella carga con el importante bagaje de vivencias que hacen a la familia, literalmente.

No quiero saber más sobre Feng-Shui.

Por ahora, no.


ALP©2009

miércoles, julio 15, 2009

HISTORIAS EN TERCIOPELO ROJO




Fui prácticamente despedida de mi trabajo por toser en medio de un ensayo de coristas de la compañía, durante esta pandemia tan temida como increíble. Me di cuenta por el imperceptible rictus que noté en las mejillas de bebote del dueño del cabaret.


Su cara fue el fiel reflejo de lo que pasaba por su mente, porque era de la clase de personas que piensan con la cara. De la misma manera que los pies o las muelas “duelen” en la expresión del rostro, o como cuando nos miramos en un espejo estrenando zapatos, luego de caminar o bailar durante horas. Así de fácil era leerle el pensamiento al hombre.


Bueno, al muy cerdo le dio asco mi tos. ¡Mi tos! ¿Qué tendría que decir yo acerca de sus eructos sin disimulo delante de nosotras, mientras devoramos nuestros magros sandwiches?


Me habían anunciado que el tipo echaría al primero que tosiera, sin usar mascarilla. Pero nadie pensó que iba tan en serio el asunto.


Yo venía capeando heroicamente los embates de las microgotas de Pflüge. Concurría a trabajar con sobredosis de vitamina C, haciendo una vida ejemplar en cuanto a dieta alimentaria, tipo chaleco antibalas interior. Y justo se me viene a escapar una débil tos de mosquito, una sola vez, y el eco fue a parar certeramente, a los super oídos biónicos del muy pusilánime. Nadie la escuchó. Sólo él, con sus cachetes rosados.


Al día siguiente, el asistente me mandó llamar y en ese momento supe que mis horas en la compañía estaban contadas con los dedos de una mano.


-Mi querida Vanessa, es muy incómodo para mí hablar contigo en estas circunstancias, pero como sabrás, las disposiciones establecidas son inamovibles, desde que el nuevo director entró en funciones.


Hundí el pecho con una mezcla de rabia, de indignación y de odio, también, por qué no.


-¿Debo retirarme ya?


-No, al contrario, linda. Te mandé llamar para comunicarte que necesito de tu generosa colaboración, dada la experiencia que posees en prácticamente todas las rutinas sobre el escenario. Debido a la pandemia que nos azota, más de la mitad del plantel se ha retirado a sus casas para cumplir con el auto-aislamiento establecido por el ministerio de salud, y que descuento que ya conocerás, porque han comenzado a manifestarse síntomas de gripe. Además, existe una pequeñísima petición que deseo hacerte.


-Usted dirá- contesto, sin salir de mi enorme asombro por el rumbo inesperado que estaban tomando los acontecimientos.


-Por favor, no vuelvas a toser sin mascarilla, cuídate mucho, porque alguien tiene que poner el pecho a las balas, ¿comprendes? ¡jajaja!


Me comentó Araceli, mi compañera de cuadro, que mis carcajadas se escucharon hasta el segundo subsuelo.

Los días que siguieron en mi trabajo, fueron extraordinariamente tranquilos y sin mayores complicaciones. Los pocos que permanecimos sanos, pudimos cumplir con nuestras obligaciones, y con enorme éxito, de paso.


Los horarios de descanso eran gratos al punto de parecernos encuentros con verdaderos amigos. Gracias a esta nueva situación, las diez personas que nos veíamos desde hacía años, en los pasillos del recinto, nos habíamos re-descubierto al punto de saber cosas de la vida, uno del otro, como grandes amigos. Por ejemplo, jamás hubiera pensado que llegaría a saber los días de ovulación de Ruby, o la marca de preservativos que lleva siempre en el bolso, la risueña de Ángeles. Tampoco hubiera imaginado que Marcos es adicto al botox, y menos, saber que Tony es gay y vive en pareja con Alex.


El acercamiento afectivo entre el grupo fue creciendo un poco más cada día. Los hechos se fueron sucediendo de manera tal, que casi sin darnos cuenta estábamos planeando un negocio en sociedad a modo de franca competencia con la actual y pujante industria de mascarillas. Todos teníamos ahorros guardados que deseábamos convertirlos en alas propias. Por lo tanto, solamente faltaba presentar la novedad.


Quedaba una semana para que regresaran los del aislamiento forzoso y había que ir ultimando detalles.


El dueño de “Terciopelo Rojo” se reintegró a su puesto con huellas inequívocas en su rostro de que la fiebre por la gripe había hecho estragos. Las ojeras azuladas asomaban por encima de un barbijo inmaculado, enganchado en sus orejas. Una tos caprichosa, que no le permitía hablar más de tres palabras seguidas, le hizo brillar los ojos. Tenía la mirada perdida y pronto se encontró con la mía. La escena era tensa.


Hasta que por fin, inesperadamente, comenzó a aplaudir al ver a cada uno de los integrantes del cabaret, técnicos, iluminadores, bailarines y mozos, luciendo magníficos barbijos de raso de colores diferentes, bordados en pedrería, con interior descartable, a tono con las circunstancias y el lugar.


Pero su fugaz beneplácito duró poco, pronto se apagó su entusiasmo al conocer la noticia de nuestros jugosos ingresos, producto de la venta de esa clase de mascarillas, a todos los teatros del centro de la ciudad de Buenos Aires, mientras él quedaba afuera de nuestro negocio.


Empresa de la que nos aprovecharíamos hasta que el virus de la gripe aflojara, para emprender otro contra el agazapado dengue…


APL©2009

jueves, junio 18, 2009

TU MIRADA AZUL


La sala Casacuberta del Teatro San Martín rebosa de luces, gente y voces desparejas.
La temporada cultural arranca con un evento esperado por los que amamos la lectura. Tener tan cerca a un famoso escritor es una tentación demasiado fuerte, inevitable.

Miro a mi alrededor tratando de encontrar rostros conocidos y pensando que solamente a mí se me podría haber ocurrido venir sin compañía. Todo el mundo está con alguien. Menos yo.
De pronto, inesperadamente, te veo y pienso que es verdad eso de quedar de una pieza por la sorpresa. Porque, quizás, atraído por el imán de mi mirada, gira tu cabeza hacia donde me encuentro y tus ojos azules me convierten en maniquí de vidriera. Como antes, como hace un año.
La mujer que te acompaña, rompe el sortilegio creado por diez segundos, y te roba la mirada para sí.

Las luces se atenúan, indicando que el momento de la conferencia, se aproxima. La gente y las voces desparejas, también se esfuman.

La voz del orador atrapa mi atención, pero mis ojos van hacia donde estás sentado, todo el tiempo.
Creo que pagaría una fortuna por saber lo que estás pensando. Si al cabo del año que pasó como ráfaga, me ves igual o cambiada. Y me muero por saber si la mujer que está sonriendo a tu derecha, es tu amor, después de mí.
Me consuela comprobar que tus ojos apenas la miran cuando te habla, ocasionalmente.

La conferencia llega a su fin. Las luces, la gente y las voces desparejas, inundan la sala, como al principio.
Permanezco sentada en mi butaca para verte pasar y esperar que tu mirada azul se encuentre con mis ojos ávidos.
Al distinguirte por entre el público, me preparo para ese instante, pero tu mirada no me busca. Tus ojos están fijos hacia la salida, hacia adelante. Hacia la nada. Igual que los míos, que acaban de chocar con tu bastón de color blanco.

La corriente humana te aleja. Y mis pies se clavan en la alfombra.
Y me convierto en maniquí de vidriera. Pero no por tu mirada azul.

La revelación me aniquila, y ahora sí, agradezco no estar acompañada. Necesito ordenar mi cabeza y repasar aquellos momentos en que mi vida tenía sentido porque tus ojos azules, eran solo para mí.

Los anteojos oscuros tapa-lágrimas, me contienen. Y mi mirada busca desesperadamente, un taxi. Nunca debí venir. Nunca debí saber.


APL©2009

jueves, junio 11, 2009

LA PROFESORA DE HISTORIA


Con tanto conocimiento enloqueció al punto de querer abandonar los estudios a partir de la segunda mitad de octubre. Los decibeles de la euforia colectiva por la proximidad de la finalización del quinto año del secundario, subían notablemente, en el colegio. Parecía un código tácito entre todo el estudiantado. Pero, a Gastón no le alcanzaron los decimales para eximirse. Hubiera deseado no quedarse como un paria, por los pasillos del Nacional, repasando y repasando bolillas, para rendir examen y aprobar aunque sea con un cuatro… Mientras tanto, se moría de envidia viendo cómo los que se salvaban de rendir, andaban por los alrededores del colegio, disfrutando de la libertad propiciada durante el año.

Romina y María del Rosario habían empezado desde hacía una semana, a prestar sus trabajos de Historia, para que los que tenían promedios más menesterosos, se actualizaran y presentaran a la mesa examinadora, carpetas completas al momento de rendir las materias.
- Te agregan puntos si presentás una carpeta perfecta. – decía Romina, con cara de “traga” superada y solidaria.

La otra tarde, después de clase, Gastón fue a la biblioteca del colegio. Hacía calor, a pesar de la penumbra, de los techos altos y del ventilador.
Desconocía en él esta creciente voluntad para buscar la pila de libros sobre Historia de la Instituciones a partir de 1810, y dedicarse a preparar un buen examen.
Empezó a concentrarse en la lectura y a elaborar como método, una especie de croquis con apuntes, para que le fuera más fácil meterse en la cabeza tantos nombres, fechas y batallas de la época.

Al cabo de un par de horas, se desperezó largamente en la silla, haciendo crujir las maderas del respaldo y la rafia del asiento. Se sentía entumecido, pero contento, le había resultado fácil memorizar el mapa histórico que se había fabricado.

-¿En cuál te quedaste?- le preguntó la mujer que estaba sentada en el extremo opuesto de la larga mesa.
-En Historia. Pero parece que estudiar me está resultando más fácil de lo que pensaba.
-Te va a ir bien, vas a ver – afirmó, con total convicción.
-¿Usted es profesora? ¿O viene a buscar apuntes para su hijo… o hija?
-Soy profesora de Historia – respondió. Y volviendo la cabeza hacia la ventana por la que se veían los canteros de calas, la mujer se quedó pensativa, callada.
Gastón se sumergió nuevamente en el otro texto que había sacado del estante, y completó el apunte que había iniciado para estudiar.

Al cabo de otra hora, en el lugar, que ya empezaba a llenarse de rincones oscuros, por el atardecer que se hacía presente, escuchó la voz de Romina que se estaba aproximando hasta donde estaba sentado:
-Mirá que más de diez no ponen, ¿eh? Dale, seguís repasando mañana. ¡Te vas a enfermar!- bromeaba.

Mientras bajaban por la escalera de mármol que daba al patio, le comentó el encuentro en la biblioteca con una profesora, que le había dicho, con total seguridad, que le iba a ir bien en el examen de mañana.
Romina lo miró sorprendida y dijo:
-¿Profesora? ¡Qué extraño! Si en el plantel no hay profesoras. Son todos hombres los profesores de Historia… ¿Cómo era?
Entonces iba a describirla, pero sobre una pared vio una vieja foto de esa profesora, sentada en un banco debajo de la enorme araucaria del patio, y señalándola con el dedo, le dijo:
-Es ésta la que estuvo hoy conmigo en la biblioteca.
-¡No puede ser!
-¡Te juro por Dios que era ésta!

-¡Te repito que no puede ser! Leé las fechas escritas debajo de la foto!
Cuando leyó “Lía Castro, 1935-1965”, se le heló la sangre.
Romina y Gastón se miraron y comprendieron al instante que la leyenda del fantasma de la profesora de Historia, era totalmente cierta y no pavadas que contaban algunos de sus compañeros bromistas.

Algo cambió en la forma de ser de Gastón. No solamente él mismo notaba ese cambio, sino que todos sus compañeros se lo decían.
Cada vez que pasaba junto a la foto de la profesora misteriosa, la miraba con un dejo de complicidad y volvía a pensar en el encuentro que había tenido con ella en la biblioteca.

Gastón se había vuelto sumamente estudioso de golpe. No sea cosa que le quedara alguna materia por rendir y tuviera que ir a la biblioteca a estudiar, otra vez…


APL©2007

miércoles, junio 10, 2009

LA TORRE VOLADORA DE ISABELLE

En un castillo inglés construido sobre un cabo rocoso, habitó una doncella de nombre Isabelle, a quien se la recordó durante muchos años, en tertulias y banquetes.

La joven había sido víctima del encantamiento.
La corte del Rey Arturo, por esos días, disfrutaba de las competencias de gentiles caballeros adiestrados para el lucimiento con sus lanzas.

Las jóvenes casaderas tenían la oportunidad de conseguir pretendientes, pero Isabelle no la tuvo, por culpa de su fervorosa inclinación a leer en demasía.

Fue forzada al encierro al manifestar, que tenía el poder de volar sobre bosques y campiñas, permaneciendo en su habitación.
El horror se instaló en el rostro de cuanta persona había alcanzado a escucharla y fue considerada un pésimo ejemplo para sus congéneres, cercano a la brujería.

En realidad, Isabelle, solamente quiso significar, que al leer historias fantásticas, con su prodigiosa imaginación, podía estar en otros sitios, sin trasponer los sólidos muros donde habitaba.

Para salvar su reputación, las Hadas de Avalón, temidas y respetadas, arrancaron de su base la torre que servía de cárcel a Isabelle, y delante de toda la concurrencia presente en los torneos, sobrevolaron las arenas, mientras la doncella los saludaba desde el balcón.

APL©2009

domingo, mayo 03, 2009

TRUDI


A Trudi la encontramos recostada junto al trigo maduro. La vimos de casualidad, cuando uno de los perros la olió y empezó a mover la cola por la alegría de verla.
Ni se inmutó cuando la rodeamos. Parecía no importarle nada de lo que pasaba a su alrededor. Se quedó en silencio mirando algo que nosotros no podíamos ver, y no contestó nuestro aluvión de preguntas.
Los aritos de cristal de roca cintilaron en sus orejas como pequeños rayos, y en ese momento la vieja Consuelo dijo lo que no queríamos oir: “Ya la besó el Pombero, me parece que la preñó, hay olor a jazmín. Seguro que la dejó preñada ”.

La llevamos hasta la choza. Le saqué el delantal y le tapé los pies helados. La vieja nos hizo salir:
-“Quédense afuera. Si ven algo que no conocen, toquen la campana sin parar, para que no se acerque. El Pombero no aguanta las campanas”.
A las cinco de la tarde, se abrió la puerta del rancho y apareció Trudi sonriendo y saludando como si nada.
Al preguntarle por doña Consuelo respondió indiferente:
-“Se fue con el caballero del sulky ¿Vieron con qué elegancia hablaba el señor?”


APL©2009

A LA SOMBRA DE UN GRAN ABANICO DE PLUMAS




La enorme pantalla de plumas de pavo real y faisán, abanicaba el cuerpo acalorado de la esposa del emperador. El esclavo que le brindaba el aire fresco, parecía un autómata que sólo sabía hacer esa única tarea. La sombra en las gradas imperiales del Coliseo, no era suficiente. Las primeras horas de la tarde, ardientes de sol y algarabía, acrecentaban la sed insaciable de sangre. El momento era el marco del gran espectáculo que se avecinaba.

El público, muy pronto comenzó a disfrutar de lo prometido. Un mancebo que portaba una cesta de panes y manzanas, comenzó a arrojar el contenido hacia las tribunas enfervorizadas.

La aparición de los gladiadores luciendo brillantes armas y escudos, fue la antesala del clímax.

Los vítores que aullaban los fanáticos, se dejaban oír notoriamente diferentes, al llamar a los luchadores favoritos.

Era una tarde con olor a muerte. Y en cada alma reunida en ese festival salvaje, reinaba un deseo que las igualaba: alguien deberá morir, en esa tarde febril.

La primera contienda arrojó al primer gladiador vencido, sobre la arena teñida, que disimuló la mano de una doncella, al clavar una pluma de faisán, envenenada, en el cuello real de la emperatriz.




APL©2009

EL ANIMAL



A los cuarenta años, el Animal se había convertido en un maestro en las artes de la lucha en la arena. Las contiendas y ese goce de alcanzar el estado óptimo, para competir, ya no los disfrutaba con su propio cuerpo, sino que volcaba lo aprendido en los pupilos que tenía a su cargo.

Los miraba esquivando sacos, corriendo vueltas con espada, red y lanza en mano, para obligar al músculo y al espíritu. Se veía a sí mismo cuando a los doce años salió por primera vez a la arena.
Pronto detuvo sus recuerdos al ver a Julia, la doncella más piadosa de palacio, quien se acercaba hacia él.
-Aquí tienes la paga – le dijo, extendiéndole una pequeña bolsa con monedas – mi padre Lucullus te espera mañana, al amanecer.
Al Animal, le dolía esa presencia, que le hacía pensar que su hija sería de esa edad. Desde aquella lejana y dolorosa separación, nunca más supo de su mujer y su niña recién nacida.

La leyenda viva de la historia de los luchadores romanos, había soportado sin mella, los terribles golpes y heridas recibidos durante su vida. Sin embargo, Julia, en unos segundos, hizo brillar la mirada curtida del Animal.



APL©2009

EL ERROR DE LAVINIA


Lavinia era más afortunada que el resto de las doncellas de la nobleza. El general Plinius le había encomendado la especial tarea de preparar los alimentos que componían la dieta del gladiador Marco Valerio.

El atleta que la hacía suspirar de amor, era propiedad del recio militar y se lo cuidaba como lo que era: el mejor.
El gladiador gozaba del trato diferente que le brindaba la joven. Sesiones de masajes con óleos aromáticos, baños de infusiones y una alimentación basada en cereales, higos, leche de cabra, pan y carne de cerdo.
Plinius, había consultado con viejos médicos romanos sobre las comidas que favorecían el desarrollo de la masa corporal, y en especial, la protección y limpieza de la sangre.
Introdujo en la rutina dietaria, abundante consumo de perejil, para fortalecer las venas de brazos y piernas del enorme luchador.

Una mañana, Lavinia fue a recolectar un manojo de dicha hierba a una huerta cercana. Seguidamente, lavó y picó las hojas verdes, para esparcir sobre la comida humeante.
Marco Valerio devoró el suculento cuenco, y al rato cayó muerto.
Lavinia, inexperta, había confundido perejil con hiedra venenosa.


APL©2009

martes, abril 21, 2009

TE CONOZCO...



Lo conoció en la feria del libro, y recordó que cuando cruzaron sus miradas, sintió que entre ambos se creó algo así como un puente, difícil de explicar.
A ella le pareció haberlo visto en alguna clase de bioquímica.
A él le gustaron sus mohines mientras revolvía las mesas de libros, tan disímiles como innecesarios.

-“Te conozco” -dijeron al unísono cuando se vieron.
La excusa para un café ya se había instalado en la escena.
Encontraron una mesa desocupada y se sentaron. La charla sobre la enorme concurrencia y la gran cantidad de stands para visitar, fue declinando hasta que él tomó la palabra y fue desgranando un discurso impregnado de política. Ella había cambiado su rostro amable por una expresión de desconfianza, imposible de disimular. Entonces, decidida, miró su reloj y pegando un respingo, dijo:
- “¡Me voy, me están esperando!”
Sin esperar respuesta, salió de la feria lo más rápido que pudo.

A la mañana siguiente, la cara de él ilustraba la noticia del diario sobre la bomba, y ella, mientras leía se iba empapando en un sudor frío que le heló las manos.
Sus labios entreabiertos por la sorpresa, sólo balbucearon un:
-“No era Gonzalo Peñalba…”






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martes, abril 14, 2009

UNA PRINCESA EN AVENIDA DE MAYO






Cruzó la Avenida de Mayo, rauda y majestuosa, como si fuera una extraña princesa de película fantástica.
Su posible metro ochenta favorecía el efecto dramático de sus ropas, y ella sabía que no pasaría desapercibida. El vestido de terciopelo negro y los detalles religiosos de aros y pulseras, mostraban a una auténtica chica gótica, con piel de luna y cabellos relucientes.

Yo acostumbraba a cruzarme con personajes raros, desde mi puesto de empleada bancaria. Por lo tanto, esta vez, no me detuve a analizar la actitud de la joven gótica, sino a observar las diferentes reacciones a su paso.
Las miradas y los rictus faciales de los transeúntes iban variando según las clases de personas. La señora emperifollada ponía cara de “qué espanto”. El señor del maletín, le lanzaba miraditas, con disimulo mal logrado. El joven diariero, sólo lanzó un silbido como piropo, atraído por su escote.

La función se terminó abruptamente, cuando apareció una enorme motocicleta con motociclista totalmente enfundado en cuero, cual rockero sin guitarra.

Entonces, la princesa medieval arremangó su largo vestido, se trepó al asiento trasero del vehículo y abrazó a su caballero como diciendo “es mío”.


A esta corta escena urbana, solamente le faltó la palabra FIN.



APL©2009
(Cuento distinguido con MENCIÓN, en la consigna semanal del Foro de Cuentos de lanacion.com, “Cuento sobre Tribus Urbanas”, del 16 de abril de 2009).

viernes, marzo 27, 2009

LO QUE HAYA SIDO



Son las dos de la mañana y alguien sube el volumen de la música.
¿Cómo puede ser que alguien disfrute al escucharla tan alta y a estas horas?
Abro la ventana del living y furiosa, me asomo a la calle.
No veo ni escucho a nadie. Entonces, descubro que la música proviene de mi altillo. Decido subir para descartar mi sospecha. Mientras subo los doce escalones, veo la línea de luz debajo de la puerta. Un viejo vals empieza a ensordecerme.
Tomo la escopeta del closet contiguo y giro lentamente dos vueltas de llave. Al abrir, se detiene abruptamente la música. Siento acúfenos en los oídos.
Miro el interior del cuarto. La luz está encendida, y compruebo que reinan silencio y quietud.
El viejo tocadiscos familiar sigue cubierto con la carpeta bordada por la abuela y con bastante polvo acumulado por los años. Los discos están en sus álbumes.
Los pensamientos se amontonan en mi cabeza, mi corazón late rápido, y siento miedo.
Cierro la puerta nuevamente. Al descender, una corriente de aire agita mi pelo, enfría toda la casa y deja la puerta de calle entreabierta.

Lo que haya sido, se fue, quizás, para siempre.


APL©2009


(Cuento distinguido con MENCIÓN, en la consigna semanal del Foro de Cuentos de lanacion.com, “Cuento de suspenso sobrenatural”, del 26 de marzo de 2009).

martes, marzo 03, 2009

SIMPLE, FÁCIL, DULCE


Lorena sabía que su permanencia en la oficina dependía del delgado hilo de la casualidad. Lo sabía porque había visto el nombre de su ex marido en la libreta de contactos de la cuenta del servidor de la empresa, de su jefe. Pero no porque lo haya buscado expresamente, sino porque su jefe tuvo que salir corriendo cuando lo llamaron de la clínica donde su mujer estaba por parir su segundo hijo, y le dijo a ella que enviara el mail con varias copias, que él había empezado a redactar, con carácter de urgencia.



Lorena, en ese preciso momento, comprobó el grado de confianza que le tenía su jefe. Pero ese detalle, en vez de enorgullecerla, la aterró. Cuándo, y en qué circunstancias se relacionaron ambos, eran preguntas que le hacían tener pesadillas cada maldita noche.



A partir de la instancia en que vio el nombre de Rodrigo en esa lista, se torturaba pensando, cada mañana, que al ingresar a su oficina, ese día sería el último.



Hasta que ese día llegó y fue despedida por un error suyo en las cuentas que manejaba. Ínfimo. Salvable. Solucionable. Su jefe la citó en su oficina y le explicó los motivos. Hasta fue cortés y amable con ella, pero de todos modos no podía sentirse bien. Nadie se siente bien en estos casos.



El sabor de la derrota era muy amargo. Conteniendo las lágrimas salió de la oficina del jefe, arregló sus cosas delante de sus compañeros de trabajo y salió de la empresa. La tarde preciosa que la esperaba afuera le sirvió de consuelo, mientras en el camino a casa, en la misma vieja camioneta de todos los días, pensaba quién diablos la iba a contratar ahora. La situación en el país estaba jodida. Como siempre había estado y estará.



Al día siguiente, Lorena tuvo que regresar a la empresa a buscar el cheque de su liquidación. Ya le había pasado la bronca del día anterior y con cortesía y serenidad pidió a la secretaria para entrar a hablar con su ahora ex jefe, quien la recibió en su oficina.



-Doctor, antes de irme quisiera decirle algo, si me lo permite. El error lo cometí por ser una tonta, pero nunca hubo mala intención. Yo sólo quise hacer las cosas un poco más rápido, pero me salió mal, lo acepto. Ahora estoy metida en graves problemas, usted bien sabe lo difícil que es ahora conseguir empleo. Mi nena de seis años me dice que no me haga problema, que sólo tengo que sacar dinero del cajero automático y listo, ya ve lo inocente que es. Piensa que estamos salvadas. Sólo vine a decirle que usted cometió un grave error, despidió a una persona que ama su trabajo, a una persona que sabe lo sagrado que es tener la confianza de los demás. No sé si usted pensó realmente mal de mí, pero si así es, lo perdono, de todo corazón –el hombre abrió los ojos más grandes aún -si el destino nos junta de nuevo, quiero decirle que yo trabajaré como si nada hubiese ocurrido. Será la oportunidad de demostrarle que yo soy alguien que vale, algo más que un código de barras en la oficina de recursos humanos, un ser humano con errores, pero sin rencores y siempre con vocación de servicio hacia los demás. Hasta siempre, doctor.



Lorena se puso de pie, saludó a su jefe sin esperar respuesta y salió de la oficina. No le tenía miedo al futuro. Le iba a presentar batalla. Y su mente apuntó al blanco perfecto: Rodrigo. Los testigos eran por demás de suficientes para terminar de darle forma al trámite del juicio de pérdida de Patria Potestad. Hacía rato que el padre de su hija no aportaba ni dinero ni presencia paterna, pero aún así amenazaba con arrebatarle a la hijita de ambos, cada vez que las cuestiones familiares los obligaba a verse de nuevo. De manera que había llegado el momento de actuar. Se trataba de devolver la estocada, en momentos en que la supervivencia se parecía bastante a la venganza. Su abogado la tenía al tanto de las instancias. Pero lo que más anhelaba saber era el momento en que Rodrigo firmara el acuse de recibo de la demanda.






A menos de una hora de haber recibido el llamado de su letrado confirmándole que el juicio estaba en marcha, Lorena recibió la carta documento por la cual se la reintegraba a su puesto de trabajo. La noticia la sorprendió en calma. Seguidamente, abrió las puertas del placard para elegir el atuendo que vestiría para presentarse a trabajar, al día siguiente.



El artificio del cual dependía su permanencia en su empleo estaba empezando a desaparecer, para convertirse en un mal recuerdo. Así de simple. Así de fácil. Así de dulce era el sabor del retorno a la normalidad.



Su hijita tenía razón, si necesitaban dinero, podrían ir al cajero automático a retirarlo. Juntas.


APL©2008

miércoles, febrero 25, 2009

Tres historias bajo consigna: Cuento ambientado en el puerto de una ciudad lejana.


VLADIMIR


Las vi en cuanto entré. Sus manos. Parecían toscos pergaminos que contaban historias, en los simples gestos de llevarse el vaso o el cigarro a los labios.
Vladimir parecía recortado y pegado, sobre el rectángulo de la ventana iluminado por el sol. El bar no albergaba muchos parroquianos, ese mediodía, por lo cual, fue muy fácil dar con él. ¿Cuántos años tendría? Imposible saberlo. Cada línea de su rostro me decía que había visto más vida de la que contaban en el pequeño puerto alemán. Sus ojos claros eran los únicos que mostraban vivacidad, al seguir el vuelo del casal de gaviotas que se atrevían con un planeo bajo.

Me senté lo más cerca que pude, para observar a la leyenda que me había llevado hasta allí. Había escuchado infinidad de proezas sobre este hombre de río, y me prometí escribir su historia, para el diario donde trabajaba como reportera itinerante. Me acerqué hasta su mesa, le pedí permiso para sentarme y le expliqué mi presencia. Vladimir me miró, me sonrió y con una voz ronca y gastada, aceptó la propuesta. Ahora sé que tuve el privilegio, por primera vez en mi vida, de escuchar la verdadera voz del Rin.


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POR ÚLTIMA VEZ

Nos encontramos por última vez. Te engolosina la idea de saberte deseado y del poder que ejerces sobre mi cuerpo. La despedida es en este pequeño puerto lejano que llamamos “nuestro”. Olvidado por Dios y por el progreso. La belleza del lugar ya no nos embriaga como antaño. Importa que nos tenemos. Ahora. Eso queda claro para los dos. Te vienen ganas de abrazarme contra el pequeño puente huérfano de farolas y de testigos. Y liberamos las ganas contenidas. Besos que muerden, y suspiros como gritos. La luna platea las manos, los cuerpos, las bocas y la danza del fuego. Nadie nos ve. Porque en este puerto nadie ve nada. Y al separarnos, te sientes rey, y yo, plena. Llevando en mis entrañas el inicio de otra vida, según mi calendario personal. De la que nunca sabrás, si germina tu semilla. Lo juro por este mar.


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A VECES, SE ACERCA Y ME BESA

¿Dónde estará, dónde quedaron sus brazos repletos de libros, apuntes y sueños? ¿Qué habrá sido de su amor eterno, cual mariposa o estrella fugaz? ¿Y de su piel bronceada en verano, y de sus manos enguantadas en invierno?Se fue alejando, sin pausa, de manera constante. Dejando su estela, surcando la vida, tallando proyectos. Ya no la veo en los espejos, ni en la sombra que se recorta junto a mí.

Su barca, vacía de penas y repleta de ilusiones, se marchó. Su mano, firme en el timón, la llevó por mil playas, para conocer mil rostros. Yo sé que ha secado sus ojos cuando le volvieron la espalda, prescindibles seres oscuros y olvidables. Esos que no advirtieron su esencia y despreciaron sus manos llenas.

Hoy la recuerdo y me invade la ternura. Ella quedó en una ciudad lejana, difusa y etérea. Allí vive feliz, porque el tiempo se detuvo en abanicos construidos con fotos, cartas y besos desgranados, que flotan ingenuos, crédulos. Como toda promesa.

Su nave se acerca, a veces, hasta mi playa. Se queda un instante, me besa.

Porque sabe que su puerto soy yo.

Luego retorna sobre sus huellas, dibujadas en el ayer.

APL©2009

jueves, febrero 19, 2009

SIEMPRE TE RECORDARÉ, AMIGO DEL ALMA









Querido Oficial Aldo Garrido, tuve el orgullo y el honor de conocerte desde hace más de veinte años. Quién no te quería, por Dios, si eras el Ángel Guardián del barrio.
San Isidro te llora, desconsoladamente. Te buscaremos con la mirada y te veremos caminar como siempre, si cerramos los ojos un segundo, en cualquier esquina. Alerta, elegante, pulcro, derecho, servicial, cálido. HONESTO.


¡Hasta siempre, CAPITÁN! (vos me entendés...)


Alicia (la hija de otro Capitán)


19 de Febrero de 2009


martes, febrero 10, 2009

Tres historias bajo consigna: "Mariana subió las escaleras sin encender las luces".


PEQUEÑO DETALLE

Mariana subió las escaleras sin encender las luces.
Las voces de la planta baja se alejaban y se hacían casi inaudibles. Necesitaba estar a solas en su habitación. Su mente tardaba en aceptar el hecho. Estaba harta de los interrogatorios.
La policía científica, abocada al minucioso trabajo de encontrar huellas que permitieran esclarecer lo ocurrido, copaba la casa desde el amanecer.
-Encontramos huellas por toda la vivienda. Creo que luego de llevarlas a laboratorio, el camino hasta el asesino será fácil y corto.

Un llamado anónimo a la policía, dio cuenta que en horas de la madrugada, en el tranquilo barrio, se habían escuchado gritos. Cuando llegaron los efectivos encontraron a Mariana durmiendo en su cama, y en la sala principal, sobre el piso, el cuerpo de su abuelo, apuñalado.
No hallaron el arma asesina. Tampoco había indicios de robo ni puertas o ventanas violentadas. Solamente un detalle llamó la atención de todos. El asesino había cortado la electricidad, en ambas plantas de la vivienda.

Las pruebas de laboratorio, demostraron que las huellas pertenecían a Mariana, en su totalidad.
La joven ciega fue detenida. No pudo ver que su almohada estaba levemente manchada por el puñal escondido en su interior.


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MARIANA SE QUEDA

Mariana subió las escaleras sin encender las luces, dichosa, exultante. Se veía hermosa. Mientras iba acercándose a su habitación, sentía que la observaban desde el comedor, varios pares de ojos, engolosinados con la vista de su cuerpo. Totalmente a propósito, ella se acariciaba el talle, los senos y los muslos, aún turgentes. Había elegido el vestido de seda rojo fuego, para destacar más la piel de nácar, y en el pelo negro noche, destellaban los rubíes del broche. Estaba feliz. Hoy saldría de esa casa del brazo de su amor, para festejar la compra de su nuevo hogar. Se apoyó en la baranda y agitando su mano, saludó a los curiosos, lanzando una sonora carcajada burlona. Luego, se contempló largamente en el espejo, sonriendo y ensayando poses seductoras.

-Mariana se irá hoy, ¿verdad?
-No. No está autorizada a salir.
- Pero la vendrán a buscar. ¿Qué le diremos a su esposo?
-Que no se le da el alta, por ahora, porque no responde a la medicación. Ahora, por favor, cámbiale el guardapolvo. Ese que lleva puesto tiene manchas de sopa del mediodía… Si el viejo la llega a ver así, nos perderemos las propinas.


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DOS ESMERALDAS


Mariana subió las escaleras sin encender las luces. Los anteojos láser la dotaban de ojos de gato y no había rincón que se resistiera ante ella.
Una pantera se había escondido en el establo de un rico granjero. Seguramente estaría agazapada y a punto de saltar sobre cualquiera que se acercara. El animal herido había dejado huellas de sangre visibles y fáciles de seguir. Por lo tanto, además de enfurecido, estaría muy dolorido, también. Esa noche, había luchado con otro animal de su especie, en la dura pelea por la comida. El alimento en disputa había sido uno de los caballos.

El resto de sus compañeros buscaba por los alrededores. Habían dejado el camión jaula cerca, para iniciar la cacería con rifles cargados con dardos somníferos, y gruesas redes.

Mariana seguía escrutando cada recoveco donde habían peleado las fieras. Hasta que detrás de unos fardos, se enfrentó a la pantera que buscaban. Era una hembra. Con un profundo zarpazo en la cabeza. Echada sobre el heno, miraba a Mariana sin ánimo de saltar. Sus ojos, cual dos esmeraldas, miraban alternativamente a sus dos cachorros recién nacidos, y a la boca de la escopeta. Se había rendido. Sólo quería descansar.


APL©2009

jueves, enero 29, 2009

SAFE CREATIVE



El contenido total de este blog está registrado. Agradezco infinitamente la lectura y los comentarios de visitantes, amigos y escritores de todo el mundo.

Muchas gracias. Muchas felicidades.

MIS MEJORES PALABRAS

domingo, enero 25, 2009

NO SOMOS IGUALES


Soy el viento.

El que anuncia tormentas, el que lleva gritos y despeina palmeras.

Te comparas conmigo creyéndote libre. Crees que el látigo anula temores, pequeño mortal. Si me tienes miedo en las noches de invierno, como pichón que ha volado lejos.

Yo ondulo las mieses y apuro el arreo. Tu sólo las siegas cuando bien altas están, y dispones una siesta, si así lo deseas, porque los bueyes saben esperar.

Sin mí no ascienden los globos a los cielos. Si abundo en cien ráfagas, detengo el paseo. Y tú apenas dependes de mi intensidad.

Mis manos heladas propician abrazos. Y si no, mira al niño buscando el abrigo. Tú sólo podrías venderle vestidos, que quizás no tendría sin una moneda o dos.

El arriero apura el regreso, está pronto. Los bueyes presienten si cabalgo en las lluvias.

Los globos descienden henchidos de risas, de gran emoción. Se apagan sus fuegos, se arrugan los colores, que han sido tan tersos, en la ascensión.

Me llevo palabras, promuevo el olvido. Convierto las nubes en almas y sueños. Alivio el estío y modelo las dunas.

Si todas las tejas de tu morada, hasta podría arrancar.

No somos iguales, pequeño mortal.

APL©2009

GUERRA DE LETRAS



La puerta giratoria de la entrada principal, del más prestigioso periódico de Tailandia, Puchatkan, parece una inmensa hélice que haría levantar vuelo al edificio.
Su flamante directora, la joven licenciada en periodismo político, irrumpe furiosa. Acaba de ver algunas de sus fotografías personales, en la portada del vespertino opositor, The Nation.
¡Trece millones de veces multiplicadas, las fotos de su abuelo arriero y de su padre niño, mezcladas con las imágenes del último festival aéreo de cientos de globos, plagiadas con descarada inmoralidad, y tal vez compradas por un mísero baht!

Chaisak, vocifera, toma el teléfono, lo cuelga, llama a su secretario, y pide la cabeza del traidor que vendió las fotografías. En el fondo, sabe que esta clase de guerra es así. Sabe, también, que solamente la noticia es lo que importa en la tapa de un diario. Sus daños colaterales, no.
Conoce los alcances desprovistos de ética, del titular del The Nation.

Los ojos de todo el personal del Puchatkan, están fijos en ella. Atentos a cualquier decisión.

Y ella sabe que luego de inspirar hondo, mientras endereza su espalda y pronuncia su acostumbrado “¡A trabajar!”, no podrá contener el llanto acongojado, a solas, en su despacho del piso treinta y seis.


APL©2009

EL MEJOR DE LOS SUEÑOS


Poco importa saber si en los sueños camino a tu lado, menos aún si son reales o caprichos de la mente. Sólo sé que tendida en el lecho, con tu brazo de almohada, abarco en dos pasos, los caminos del mundo.
Logro sonrisas en el desayuno, cuando con voz ronca de recién levantada, te cuento mis sueños distintos, noche tras noche.

-¿Y no le veías las piernas al arriero, ni a los cebúes las patas? ¿Tan alta crecía la hierba, en tu sueño?

Una medianoche, luego del beso y la luz apagada, has debido tocar mi barbilla, porque yo me quejaba de que el globo en el que iba, volaba a la deriva.

-¡Pero, mujer, si casi te caíste de la cama!
Y yo amo tu boca y tus dientes, al verte divertido, escuchando mis sueños. Riéndonos juntos de esos viajes míos, tan raros y locos.

La noche que soñé con un viejo y un niño en el regazo, debiste nombrarme en voz alta, para rescatarme de algo profundamente triste. “Me asusta tu llanto”, dijiste.

Y tu beso borra hasta los colores del recuerdo de aquel extraño momento.

El mejor de los sueños es tenerte en mis brazos.

APL©2009

viernes, enero 23, 2009

LA HEREDERA


Dos kilómetros faltan para arribar a la mansión. Nadie me espera. Nadie vive allí desde hace un siglo.
Al fin, llegamos. Descorro la ventana corrediza de la volanta que me trae, y le pido al cochero que me acompañe, porque no quiero entrar sola. Desde el pescante, me mira con su cara de gnomo, y no me contesta. Me aferro a los cojines de terciopelo, pero las manos fuertes del hombre me obligan a descender.
El portal es enorme, parece una boca. Giro el pomo de bronce del pórtico y empujo. Un silencio desnudo se pasea ante mí. Una corte de sombras y espíritus vienen a mi encuentro. Al frente, la gran escalera rezonga un crujido cuando los últimos rayos de sol se le clavan en los peldaños.
Algunos muebles cubiertos por sábanas, semejan fantasmas que juegan a las escondidas.
De pronto, el vaho verde que emana desde un cofre olvidado sobre una repisa, me envuelve, se introduce por mi nariz y se integra a mi sangre.
Inspiro profundo, me excito hasta lo insoportable y la sed insaciable que siento, termina en la yugular del cochero.



-Ya estoy en mi mansión. Desde hoy, cada noche seré tu digna heredera, padre.




APL©2009




(Cuento premiado en el Foro de Cuentos de Lanacion.com (Consigna: "Mansión desierta", 22 de enero de 2009)

SIEMPRE A TU LADO...


-¡Carmencita!, estoy observando que ya no te esmeras en las tareas, como antes…
Carmen deja por un instante el trapo y la lata de lustre para bronce. Mira a su alrededor y repara en los detalles. “Es verdad. Mami tiene razón. Voy a poner más empeño en la limpieza de esta enorme casa”.
Busca los cubos con agua y jabón y con una escoba nueva, vuelve a limpiar los pisos de mármol del salón y el recibidor. La transpiración le empapa la blusa. Hurga en el bolsillo del delantal y con un pañuelo amarillento se enjuga el rostro.
-¡Te he dicho cientos de veces, que aborrezco las telarañas! ¡Cómo olvidas las cosas que te he encomendado!
Carmen le teme al rostro enjuto y severo, y sabe que si no cumple con las órdenes, pasarán días hasta que su mami se digne a hablarle de nuevo.
Cuando por fin termina, nota que su madre no la ha vuelto a observar. Entonces se sienta a descansar por un rato en el primer escalón de la entrada, mientras ve a las dos chismosas del barrio que pasan y comentan:
-¡Qué envejecida está Carmen! Tan sola en esa mansión…
-Pobre …¡quedó huérfana tan chiquita…!


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EL PROFESIONAL


“Debes disparar sin mirarlo a los ojos. Luego tiras el arma, los guantes de látex y te alejas de allí en tu auto, lo más rápido que puedas”.
Nunca olvido las instrucciones de mi jefe cuando trabajo.Es tan sencillo como tomar una gaseosa si tengo mucha sed. A veces cumplo el encargo tan automáticamente que temo contárselo a alguien sin querer, como si fuera un oficinista más. Tedioso, monótono y hasta rutinario.

Sólo la paga es mil veces mejor. Literalmente. Mil veces mejor.

Mi familia cree que soy un exitoso productor de pólizas de seguro contra todo riesgo. Bueno, no están tan alejados de la realidad. Ni el borrico de mi suegro, ni mi suegra. A ellos les encanta la buena vida. Y piensan que ayudo a la gente a vivir más tranquila.

De eso se trata, mirándolo bien.
-¡Ya estoy lista, amor!

Mi mujer, ataviada con sus mejores galas y con su boca de rojo carmín, como la publicidad de Avon, me quita de mis pensamientos.

Tomo la palanca de mi flamante convertible y me pierdo con ella en la noche de New York.



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lunes, enero 05, 2009

OMORI Y EL DRAGÓN


Omori estaba feliz. Había logrado que su abuelo le tallara un juguete en madera. Ilusionado, como cualquier otro niño chino, posaba sus ojos rasgados en las manos del anciano. Día a día crecía su asombro frente a la creatividad plástica del padre de su padre.
-¿Es un dragón, abuelo?
-¿Y tú qué piensas que es?
-Es un dragón. Pero tiene cuatro cabezas. ¿Por qué?
El anciano, sin contestar, siguió con su obra artesanal. Hasta que llegó el momento en el cual la incertidumbre envolvió al pequeño oriental. Omori vió cómo su abuelo colocaba una esfera dentro de cada una de las bocas del dragón, y fue entonces que rompió en un llanto desconsolado.
-¡Quítale esas cosas a mi dragón!
-Termina con tu llanto. Este dragón no es para ti. Es un sismógrafo para enseñar a mis discípulos. A ti te haré un dragón especial y mucho más grande. Verás.
La sonrisa del abuelo renovó la alegría de Omori, quien se fue a jugar con otros niños de su edad, y pronto se olvidó del juguete tan extraño.

Al mismo tiempo, en otra parte del mundo, otro niño al que llamaron Jesús, nacía para cambiarlo, porque así está escrita la historia.


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viernes, enero 02, 2009

NOVEDAD EN CASA DEL CARPINTERO




-Madre, hoy he pasado por la casa del carpintero José. Me extrañó que las ventanas estuvieran sin cubrir por las cortinas. El sol iluminaba sólo la mesa de la estancia principal de la casa. Como yo iba montada en mi asno, pude ver con claridad hacia el interior. Noté que había más luz adentro que afuera. Pero tal vez, miré encandilada por la luz del mediodía.
-¿La viste a María cuando pasabas en ese momento?
-Sí, y también lo ví a José alejarse con dos burros cargados de tinajas, hacia la fuente de la entrada al pueblo.
-¿Quedó sola María en su casa?
-No, estaba acompañada. Ví a su prima Isabel. El otro era un joven, de rostro dulce y hermoso, ataviado con ropas claras, fuertemente iluminadas por la luz de alguna lámpara cercana. Parecía extranjero.
-¿Estaban preparando comida, tal vez?
-No creo, madre, que hubiera intención de cocinar en la casa. María vestía la túnica y el velo que usa cuando va hasta el templo. Además, al pasar de regreso, noté que habían florecido al mismo tiempo, todos los canteros del frente de su casa, y Ella estaba arrodillada, con las manos juntas sobre su pecho...




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FELIZ 2009 PARA TODOS

A todos los que visiten mi blog, les deseo muchas felicidades, logros a corto plazo, salud, tranquilidad económica y mucho buen humor para capear las tempestades.
Alicia