MIS HISTORIAS. La alquimia entre la realidad y los sueños. Entre los sueños y la imaginación.







martes, abril 21, 2009

TE CONOZCO...



Lo conoció en la feria del libro, y recordó que cuando cruzaron sus miradas, sintió que entre ambos se creó algo así como un puente, difícil de explicar.
A ella le pareció haberlo visto en alguna clase de bioquímica.
A él le gustaron sus mohines mientras revolvía las mesas de libros, tan disímiles como innecesarios.

-“Te conozco” -dijeron al unísono cuando se vieron.
La excusa para un café ya se había instalado en la escena.
Encontraron una mesa desocupada y se sentaron. La charla sobre la enorme concurrencia y la gran cantidad de stands para visitar, fue declinando hasta que él tomó la palabra y fue desgranando un discurso impregnado de política. Ella había cambiado su rostro amable por una expresión de desconfianza, imposible de disimular. Entonces, decidida, miró su reloj y pegando un respingo, dijo:
- “¡Me voy, me están esperando!”
Sin esperar respuesta, salió de la feria lo más rápido que pudo.

A la mañana siguiente, la cara de él ilustraba la noticia del diario sobre la bomba, y ella, mientras leía se iba empapando en un sudor frío que le heló las manos.
Sus labios entreabiertos por la sorpresa, sólo balbucearon un:
-“No era Gonzalo Peñalba…”






APL©2009

martes, abril 14, 2009

UNA PRINCESA EN AVENIDA DE MAYO






Cruzó la Avenida de Mayo, rauda y majestuosa, como si fuera una extraña princesa de película fantástica.
Su posible metro ochenta favorecía el efecto dramático de sus ropas, y ella sabía que no pasaría desapercibida. El vestido de terciopelo negro y los detalles religiosos de aros y pulseras, mostraban a una auténtica chica gótica, con piel de luna y cabellos relucientes.

Yo acostumbraba a cruzarme con personajes raros, desde mi puesto de empleada bancaria. Por lo tanto, esta vez, no me detuve a analizar la actitud de la joven gótica, sino a observar las diferentes reacciones a su paso.
Las miradas y los rictus faciales de los transeúntes iban variando según las clases de personas. La señora emperifollada ponía cara de “qué espanto”. El señor del maletín, le lanzaba miraditas, con disimulo mal logrado. El joven diariero, sólo lanzó un silbido como piropo, atraído por su escote.

La función se terminó abruptamente, cuando apareció una enorme motocicleta con motociclista totalmente enfundado en cuero, cual rockero sin guitarra.

Entonces, la princesa medieval arremangó su largo vestido, se trepó al asiento trasero del vehículo y abrazó a su caballero como diciendo “es mío”.


A esta corta escena urbana, solamente le faltó la palabra FIN.



APL©2009
(Cuento distinguido con MENCIÓN, en la consigna semanal del Foro de Cuentos de lanacion.com, “Cuento sobre Tribus Urbanas”, del 16 de abril de 2009).