MIS HISTORIAS. La alquimia entre la realidad y los sueños. Entre los sueños y la imaginación.







jueves, junio 18, 2009

TU MIRADA AZUL


La sala Casacuberta del Teatro San Martín rebosa de luces, gente y voces desparejas.
La temporada cultural arranca con un evento esperado por los que amamos la lectura. Tener tan cerca a un famoso escritor es una tentación demasiado fuerte, inevitable.

Miro a mi alrededor tratando de encontrar rostros conocidos y pensando que solamente a mí se me podría haber ocurrido venir sin compañía. Todo el mundo está con alguien. Menos yo.
De pronto, inesperadamente, te veo y pienso que es verdad eso de quedar de una pieza por la sorpresa. Porque, quizás, atraído por el imán de mi mirada, gira tu cabeza hacia donde me encuentro y tus ojos azules me convierten en maniquí de vidriera. Como antes, como hace un año.
La mujer que te acompaña, rompe el sortilegio creado por diez segundos, y te roba la mirada para sí.

Las luces se atenúan, indicando que el momento de la conferencia, se aproxima. La gente y las voces desparejas, también se esfuman.

La voz del orador atrapa mi atención, pero mis ojos van hacia donde estás sentado, todo el tiempo.
Creo que pagaría una fortuna por saber lo que estás pensando. Si al cabo del año que pasó como ráfaga, me ves igual o cambiada. Y me muero por saber si la mujer que está sonriendo a tu derecha, es tu amor, después de mí.
Me consuela comprobar que tus ojos apenas la miran cuando te habla, ocasionalmente.

La conferencia llega a su fin. Las luces, la gente y las voces desparejas, inundan la sala, como al principio.
Permanezco sentada en mi butaca para verte pasar y esperar que tu mirada azul se encuentre con mis ojos ávidos.
Al distinguirte por entre el público, me preparo para ese instante, pero tu mirada no me busca. Tus ojos están fijos hacia la salida, hacia adelante. Hacia la nada. Igual que los míos, que acaban de chocar con tu bastón de color blanco.

La corriente humana te aleja. Y mis pies se clavan en la alfombra.
Y me convierto en maniquí de vidriera. Pero no por tu mirada azul.

La revelación me aniquila, y ahora sí, agradezco no estar acompañada. Necesito ordenar mi cabeza y repasar aquellos momentos en que mi vida tenía sentido porque tus ojos azules, eran solo para mí.

Los anteojos oscuros tapa-lágrimas, me contienen. Y mi mirada busca desesperadamente, un taxi. Nunca debí venir. Nunca debí saber.


APL©2009

jueves, junio 11, 2009

LA PROFESORA DE HISTORIA


Con tanto conocimiento enloqueció al punto de querer abandonar los estudios a partir de la segunda mitad de octubre. Los decibeles de la euforia colectiva por la proximidad de la finalización del quinto año del secundario, subían notablemente, en el colegio. Parecía un código tácito entre todo el estudiantado. Pero, a Gastón no le alcanzaron los decimales para eximirse. Hubiera deseado no quedarse como un paria, por los pasillos del Nacional, repasando y repasando bolillas, para rendir examen y aprobar aunque sea con un cuatro… Mientras tanto, se moría de envidia viendo cómo los que se salvaban de rendir, andaban por los alrededores del colegio, disfrutando de la libertad propiciada durante el año.

Romina y María del Rosario habían empezado desde hacía una semana, a prestar sus trabajos de Historia, para que los que tenían promedios más menesterosos, se actualizaran y presentaran a la mesa examinadora, carpetas completas al momento de rendir las materias.
- Te agregan puntos si presentás una carpeta perfecta. – decía Romina, con cara de “traga” superada y solidaria.

La otra tarde, después de clase, Gastón fue a la biblioteca del colegio. Hacía calor, a pesar de la penumbra, de los techos altos y del ventilador.
Desconocía en él esta creciente voluntad para buscar la pila de libros sobre Historia de la Instituciones a partir de 1810, y dedicarse a preparar un buen examen.
Empezó a concentrarse en la lectura y a elaborar como método, una especie de croquis con apuntes, para que le fuera más fácil meterse en la cabeza tantos nombres, fechas y batallas de la época.

Al cabo de un par de horas, se desperezó largamente en la silla, haciendo crujir las maderas del respaldo y la rafia del asiento. Se sentía entumecido, pero contento, le había resultado fácil memorizar el mapa histórico que se había fabricado.

-¿En cuál te quedaste?- le preguntó la mujer que estaba sentada en el extremo opuesto de la larga mesa.
-En Historia. Pero parece que estudiar me está resultando más fácil de lo que pensaba.
-Te va a ir bien, vas a ver – afirmó, con total convicción.
-¿Usted es profesora? ¿O viene a buscar apuntes para su hijo… o hija?
-Soy profesora de Historia – respondió. Y volviendo la cabeza hacia la ventana por la que se veían los canteros de calas, la mujer se quedó pensativa, callada.
Gastón se sumergió nuevamente en el otro texto que había sacado del estante, y completó el apunte que había iniciado para estudiar.

Al cabo de otra hora, en el lugar, que ya empezaba a llenarse de rincones oscuros, por el atardecer que se hacía presente, escuchó la voz de Romina que se estaba aproximando hasta donde estaba sentado:
-Mirá que más de diez no ponen, ¿eh? Dale, seguís repasando mañana. ¡Te vas a enfermar!- bromeaba.

Mientras bajaban por la escalera de mármol que daba al patio, le comentó el encuentro en la biblioteca con una profesora, que le había dicho, con total seguridad, que le iba a ir bien en el examen de mañana.
Romina lo miró sorprendida y dijo:
-¿Profesora? ¡Qué extraño! Si en el plantel no hay profesoras. Son todos hombres los profesores de Historia… ¿Cómo era?
Entonces iba a describirla, pero sobre una pared vio una vieja foto de esa profesora, sentada en un banco debajo de la enorme araucaria del patio, y señalándola con el dedo, le dijo:
-Es ésta la que estuvo hoy conmigo en la biblioteca.
-¡No puede ser!
-¡Te juro por Dios que era ésta!

-¡Te repito que no puede ser! Leé las fechas escritas debajo de la foto!
Cuando leyó “Lía Castro, 1935-1965”, se le heló la sangre.
Romina y Gastón se miraron y comprendieron al instante que la leyenda del fantasma de la profesora de Historia, era totalmente cierta y no pavadas que contaban algunos de sus compañeros bromistas.

Algo cambió en la forma de ser de Gastón. No solamente él mismo notaba ese cambio, sino que todos sus compañeros se lo decían.
Cada vez que pasaba junto a la foto de la profesora misteriosa, la miraba con un dejo de complicidad y volvía a pensar en el encuentro que había tenido con ella en la biblioteca.

Gastón se había vuelto sumamente estudioso de golpe. No sea cosa que le quedara alguna materia por rendir y tuviera que ir a la biblioteca a estudiar, otra vez…


APL©2007

miércoles, junio 10, 2009

LA TORRE VOLADORA DE ISABELLE

En un castillo inglés construido sobre un cabo rocoso, habitó una doncella de nombre Isabelle, a quien se la recordó durante muchos años, en tertulias y banquetes.

La joven había sido víctima del encantamiento.
La corte del Rey Arturo, por esos días, disfrutaba de las competencias de gentiles caballeros adiestrados para el lucimiento con sus lanzas.

Las jóvenes casaderas tenían la oportunidad de conseguir pretendientes, pero Isabelle no la tuvo, por culpa de su fervorosa inclinación a leer en demasía.

Fue forzada al encierro al manifestar, que tenía el poder de volar sobre bosques y campiñas, permaneciendo en su habitación.
El horror se instaló en el rostro de cuanta persona había alcanzado a escucharla y fue considerada un pésimo ejemplo para sus congéneres, cercano a la brujería.

En realidad, Isabelle, solamente quiso significar, que al leer historias fantásticas, con su prodigiosa imaginación, podía estar en otros sitios, sin trasponer los sólidos muros donde habitaba.

Para salvar su reputación, las Hadas de Avalón, temidas y respetadas, arrancaron de su base la torre que servía de cárcel a Isabelle, y delante de toda la concurrencia presente en los torneos, sobrevolaron las arenas, mientras la doncella los saludaba desde el balcón.

APL©2009