MIS HISTORIAS. La alquimia entre la realidad y los sueños. Entre los sueños y la imaginación.







lunes, noviembre 09, 2009

BESO DE CERA


Y me largué a ir sola al museo. ¡Qué diablos! Al final, sucedía siempre lo mismo. “Vayamos el martes” “No puedo el martes” “Entonces, el miércoles” “Tengo curso, no puedo” “¿Y qué día podés?” “No sé, te llamo”.

Me cansé. El viaje hasta el centro, es largo para ir sola, pero me atrajo mucho la idea de visitar el famoso museo de cera del que tanto hablaba la gente. Según me habían contado , las estatuas que reproducen personajes famosos del todo el mundo, eran increíbles en cuanto a la calidad de los materiales con los que estaban hechos, y por la versatilidad de los rasgos físicos.

“Parecen tan reales, que sentís la sensación que estás frente al original”. Esa frase fue la que me quedó dando vueltas en la cabeza, para que tomara la decisión de ir, sola o acompañada. Para el caso era lo mismo.


La tarde del jueves la tenía libre de alumnos, de manera que tomé el tren en la estación de Munro, desde Retiro el subte hasta Lavalle y desde allí, por Esmeralda, caminé hasta Viamonte. Me extrañó no encontrarme con el Vikingo, que siempre anda por esa zona, acompañado de mulatonas curvilíneas y haciendo combinaciones en los ramales.

Crucé la calle con la emoción que me producía la cercanía del museo. Al llegar, una especie de mayordomo vestido con smoking, me puso en clima de suspenso.

“A la flauta” pensé. “¿Será de cera éste, también?” Me sonreí de mi propio chiste pavo, y él lo tomó como gentileza, mientras me saludaba dándome la bienvenida.


La galería de personajes quedaba en el primer subsuelo. La música de Vangelis inundaba el recinto y combinaba con el lugar.

El piso totalmente alfombrado, sofocaba los pasos y absorbía las voces con los comentarios admirados de los pocos que estábamos en el museo, a esa hora.

Las estratégicas dicroicas proyectaban las sombras de cada estatua, contra las paredes cubiertas con cortinados de voile, brindando un particular efecto a las figuras, las cuales estaban dispuestas como si estuvieran realizando alguna actividad determinada.

Por ejemplo, la estatua de Eva Perón, sentada frente al tocador, cepillándose el pelo, tenía un realismo que hacía emocionar.

La figura de Marilyn Monroe recostada sobre el césped, era la que concentraba la mayoría de las miradas masculinas.

Causaba un fuerte impacto pararse frente a un General Videla, que parecía desafiarnos con su mirada muerta.

La estatua del rockero Pappo, era asombrosa. Los jóvenes lo miraban con ojos húmedos, impresionados por el pelo sobre su rostro, y ataviado con ropa de cuero negro, montado en su moto, con gesto apacible.


Durante largo rato fui recorriendo cada rincón de la galería, extasiándome ante cada personaje, por la perfección que mostraban, tanto en la imitación de la piel, como en la calidad de sus vestimentas.

De pronto, me encontré frente a frente, con la estatua de Richard Gere, el actor norteamericano, por el cual morimos varias. Estaba ahí, tan cerca, mirándome y extendiendo sus brazos, invitándome con su sonrisa única. Me acerqué lentamente, me paré muy cerca de él, lo rodeé con mis brazos y le ofrecí mi boca anhelante y deseosa, para cumplir mi sueño tan largamente postergado. Cerré los ojos, y fue tal mi emoción que no me di cuenta que junto a mí se había parado el mayordomo de smoking, que no estaba hecho de cera, y que con una lasciva sonrisita me dijo:

-Mirá que éste está más frío que una heladera, mamita. Si necesitás un tipo de sangre caliente, acá lo tenés a papito…


Recién al llegar al andén del tren que me llevaría a casa, me empezaron a bajar las pulsaciones por el tremendo papelón que había sufrido en el museo. Todavía no puedo recordar cómo hice para llegar desde ese lugar, hasta el subte.

Menos mal que tampoco me lo crucé al Vikingo en ese estado, porque no hubiera sabido cómo explicarle lo ocurrido. Es más, no se lo hubiera dicho tampoco, porque él se lo podría contar a sus amigos, y mi vergüenza sería mayor, todavía.


Ah! Al museo no volví a ir, porque no encontré a nadie que me quisiera acompañar, están todos tan ocupados, siempre…


ALP©2007
(Cuento escrito para el Foro Literario LEÓNIDAS)

2 comentarios:

Yoni Bigud dijo...

Una vez lanzada en lo que estaba haciendo, yo que usté habría terminado el trabajo. Y el mayordomo habría tenido que reconocer que no puede competir ni con el Gere de cera.

Un saludo.

La candorosa dijo...

Vamos, que aunque fuera de cera, estar delante de ese bombón, tienta a más de una, eh!!!

De todos, me imagino que el mayordomo se había parado allí, sabiendo los efectos colaterales de Don Richard!!!

Hermoso post!!!

Besotes!!