MIS HISTORIAS. La alquimia entre la realidad y los sueños. Entre los sueños y la imaginación.







sábado, noviembre 07, 2009

VENECIA AUTÓCTONA


Acabo de mudarme a mi nueva casa y mi prima Mabel se acerca para darme una mano con la mudanza. ¡Mi casa! Pensaba que el divorcio me había borrado el deseo de ser feliz, pero al contemplar todo lo que me iba a acompañar de ahora en más, en mi nueva vida, mi corazón palpitante y emocionado, me dice que estoy más viva que nunca.


-Dame la llave del sótano, para guardar las herramientas. Mañana tempranito van a venir el paisajista con el jardinero y las van a necesitar, sin dudas.

-No hay sótano. Guardá todo en el cuartito del fondo.

-Sí, hay sótano. Por eso te pedí la llave.

-No hay sótano - digo con firmeza.

-Vení a verlo, por favor… - dice Mabel con insistencia.

Estamos frente a esa puerta misteriosa, semi oculta por los largos brazos de la glicina, y nos miramos sin entender nada. Pero la gran revelación nos espera al abrirla. Mabel junta sus fuerzas con las mías, y podemos vencer su resistencia, ya que por el paso del tiempo, las lluvias y los veranos, la puerta parece clavada.

Extrañamente, la lamparita de la entrada funciona y su luz se refleja en el agua que llega hasta la mitad de la angosta escalera. El agua de un río subterráneo corre bajo el terreno y quizás, bajo mi casa también.

Entonces sin dudarlo, subimos al bote amarrado a un costado. Mabel con la linterna ilumina hacia adelante y yo con el único remo, impulso la pequeña embarcación hacia un punto luminoso que se distingue al final. Las agujas luminosas de mi reloj pulsera nos indican que hace algo más de media hora que estamos a oscuras en el bote, yendo hacia quién sabe dónde.

Además, tratamos de seguir en línea recta, para no desorientarnos, ya que cada más o menos cien metros, nos cruzamos con un canal transversal.


Al rato, aparece otro bote que viene en sentido contrario. Abro mi boca para decirle algo a la persona que apenas se distingue y cuál no es mi sorpresa al reconocer al hombre de la inmobiliaria, mostrándoles el río secreto, a futuros compradores de alguna propiedad vecina.
Nos saludamos, y sólo atino a pensar en mis futuros vecinos.
-Ojalá que sean gente de buenas costumbres – le comento a Mabel.
-Yo pienso igual. En este barrio no es habitual escuchar sobre historias locas o escandalosas… - responde ella con un suspiro.

Al cabo de otra media hora, decidimos regresar, para lo cual giro con cuidado, y al salpicar levemente nuestros brazos con el remo, nos damos cuenta que el agua está bastante fría. Instintivamente doblo por el canal correspondiente a nuestra recién descubierta puerta en el jardín, amarramos el bote, subimos la escalinata, y al emerger en mi jardín, vemos que la vecina de enfrente agita su mano y nos dice en voz alta:
-La próxima vez que hagan ese paseo, no olviden llevarse un chal o una chaqueta. Ayer pesqué un resfrío por la humedad de los canales…


ALP©2006

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