TE CONOZCO...

A ella le pareció haberlo visto en alguna clase de bioquímica.
A él le gustaron sus mohines mientras revolvía las mesas de libros, tan disímiles como innecesarios.
-“Te conozco” -dijeron al unísono cuando se vieron.
La excusa para un café ya se había instalado en la escena.
Encontraron una mesa desocupada y se sentaron. La charla sobre la enorme concurrencia y la gran cantidad de stands para visitar, fue declinando hasta que él tomó la palabra y fue desgranando un discurso impregnado de política. Ella había cambiado su rostro amable por una expresión de desconfianza, imposible de disimular. Entonces, decidida, miró su reloj y pegando un respingo, dijo:
- “¡Me voy, me están esperando!”
Sin esperar respuesta, salió de la feria lo más rápido que pudo.
A la mañana siguiente, la cara de él ilustraba la noticia del diario sobre la bomba, y ella, mientras leía se iba empapando en un sudor frío que le heló las manos.
Sus labios entreabiertos por la sorpresa, sólo balbucearon un:
-“No era Gonzalo Peñalba…”



