
-Abuelo, no quiero que me saquen de la escuela. Tengo muchas amigas y la maestra dice que mi letra es muy linda. No quiero que me saquen, abuelo. Pasaré a cuarto grado.
El hombre, sin bajar la vista que traspasa el alambrado, se aferra al tejido y se le crispa la mano.
-Así debe ser, mi Carmen, así debe ser. Tus tías y tus primas mayores te enseñarán lo que te falta saber. Y más todavía. Verás que sin darte cuenta, te irás olvidando de la escuela.
La niña comprende y no quiere que su abuelo sepa que sabe. Y llora con todas las ganas y la rabia en un último intento de poder romper con las leyes que aún desconoce, pero que pesan ya, tanto, y duele en sus ojos grandes y negros, el llanto. Y comprende pero no quiere que nadie sepa que sabe. No quiere crecer, no quiere pensar en dejar la escuela, las rondas y las páginas rayadas del cuaderno nuevo. Dejar de mostrarle a su maestra, lo bien que escribe y cómo progresa en ortografía.
El hombre, sin bajar la vista que traspasa el alambrado, se aferra al tejido y se le crispa la mano.
-Así debe ser, mi Carmen, así debe ser. Tus tías y tus primas mayores te enseñarán lo que te falta saber. Y más todavía. Verás que sin darte cuenta, te irás olvidando de la escuela.
La niña comprende y no quiere que su abuelo sepa que sabe. Y llora con todas las ganas y la rabia en un último intento de poder romper con las leyes que aún desconoce, pero que pesan ya, tanto, y duele en sus ojos grandes y negros, el llanto. Y comprende pero no quiere que nadie sepa que sabe. No quiere crecer, no quiere pensar en dejar la escuela, las rondas y las páginas rayadas del cuaderno nuevo. Dejar de mostrarle a su maestra, lo bien que escribe y cómo progresa en ortografía.
-¿Qué quieres ser cuando seas grande, Carmen?
-Maestra, como usted.
-Tienes letra de maestra, de manera que lo serás.
El abuelo de Carmen quita la mano del alambre, pero los ojos vivaces de la niña, ya vieron.
-Te quitaste los anillos, y tampoco llevas la cadena con el corazón de marfil, abuelo. Siempre que me traes a la escuela o me buscas a la salida, te quitas todo, ¿por qué?
Ambos apuran el paso. Están cerca del campamento. Les van llegando aromas mezclados y apetitosos. El potaje de cerdo y garbanzos está a punto. El café espera hasta la sobremesa y la ropa colgada en los pasillos baila con pasos multicolores. Diálogos a viva voz, en romanés, hablan sobre que mañana muy temprano partirán. Otra vez.
-Abuelo, no me respondes, ¿por qué debo dejar la escuela?
-Porque somos gitanos, mi Carmen, así debe ser. Mañana olvidarás.
ALP ©2010
-Maestra, como usted.
-Tienes letra de maestra, de manera que lo serás.
El abuelo de Carmen quita la mano del alambre, pero los ojos vivaces de la niña, ya vieron.
-Te quitaste los anillos, y tampoco llevas la cadena con el corazón de marfil, abuelo. Siempre que me traes a la escuela o me buscas a la salida, te quitas todo, ¿por qué?
Ambos apuran el paso. Están cerca del campamento. Les van llegando aromas mezclados y apetitosos. El potaje de cerdo y garbanzos está a punto. El café espera hasta la sobremesa y la ropa colgada en los pasillos baila con pasos multicolores. Diálogos a viva voz, en romanés, hablan sobre que mañana muy temprano partirán. Otra vez.
-Abuelo, no me respondes, ¿por qué debo dejar la escuela?
-Porque somos gitanos, mi Carmen, así debe ser. Mañana olvidarás.
ALP ©2010
(Consigna de La Nación: relato basado en la foto de una mano tomando un cerco de alambre)

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