MIS HISTORIAS. La alquimia entre la realidad y los sueños. Entre los sueños y la imaginación.







jueves, marzo 11, 2010

DE ELVIS A BERLIOZ


Renata, Patricia y Eugenia eran tres hermanas pertenecientes a una de las tantas familias acomodadas que elegían el tranquilo barrio de Belgrano de la década del ´50, para fijar su residencia.
Apenas se mudaron comenzaron a estudiar música por indicación de sus severos padres, en una de las mejores academias que existían en esa época, la cual hacía unos días que había abierto sus puertas.

El profesor, perfeccionista y exigente, convertía en toda una ceremonia, cada una de las clases.
Por unos minutos, se paraba delante del alumnado para observar y corregir cualquier postura desaliñada, especialmente en la forma de portar los instrumentos.
Era rara la vez que debía dirigirse a las hermanas. El maestro se desplazaba por entre los alumnos, con los pulgares enganchados en los bolsillos de su chaleco, lentamente.
Renata, sosteniendo el arpa de palisandro y marfil por la columna, con ambas manos, esperaba su turno de inspección.
Patricia se mantenía muy derecha en la butaca, sosteniendo sobre su falda, el violín y el arco.
Eugenia, inquieta, trataba de no temblar y se aferraba a su clarinete de ébano con llaves de plata.
Cumplida esa rutina de los lunes, miércoles y jueves, el resto de la clase se desarrollaba con normalidad, y las jóvenes hermanas parecían disfrutar mientras ejecutaban los instrumentos, con notable aplicación.

En honor a la verdad, las chicas hubieran preferido estudiar música moderna.
Cuando sus padres se ausentaban por algún compromiso social, y sabían que iban a estar solas por largas horas, el combinado del comedor reproducía, uno tras otro sin cesar, la pila de discos long playing de furioso rock and roll, que fueron comprando a escondidas.
Parecían enloquecer al escuchar los temas de Elvis Presley, Chubby Checker o Bill Halley con sus Cometas.
Bailaban enloquecidas practicando los pasos de rock que habían aprendido en un programa de televisión, durante el cual, un descarado Elvis movía su pelvis y sonreía sensual mirando a la cámara.
Eugenia era la más entusiasta, haciendo notar a sus hermanas el gran parecido físico entre el profesor de música y la movediza nueva estrella del rock. Además, a nadie había contado que su corazoncito latía desenfrenadamente durante las clases de música. Así como tampoco mostraba las fotos de Elvis, que recortaba de las revistas, y guardaba entre las páginas de sus libros.

Cierta noche, los padres de las chicas, invitaron a cenar al severo profesor de música, conforme a la fluida relación que mantenían ambas familias. El padre, como para ir preparando el ambiente, puso en el tocadiscos la Sinfonía Fantástica de Berlioz, en la que se destaca un solo de arpa.

Al llegar el invitado, todo transcurrió en un clima de absoluta cordialidad, y en las conversaciones siempre estaba el tema de la música. El profesor comentaba los adelantos de las chicas, y lo aplicadas que demostraban ser, clase tras clase.
Luego de los postres, el maestro se acercó hasta los estantes donde se guardaban los discos y al ver la tapa del Disco de Oro de Elvis, el cual las hermanas se habían olvidado de esconder, mirando a las chicas, preguntó:
-¿Podemos escucharlo?
Ellas miraron a su padre, quien atónito, respondió un “sí” apenas audible, ya que desconocía su existencia. Los primeros compases de “Love me tender”, cantado con sugestivo acento, distendió el clima almidonado de la reunión. El maestro invitó a bailar a Renata mientras los demás no daban crédito a sus ojos. El segundo tema, “It´s now or never” , lo bailó con Patricia, y los padres observaban ya, con una tímida sonrisa en sus labios.
La explosión surgió cuando “Jailhouse Rock” inundó el aire y el profesor, tomando a Eugenia de un brazo, comenzó a sacudirse como poseído, contagiándola con los frenéticos pasos, quien lo seguía con maravillosa gracia. Ambos dieron rienda suelta a sus habilidades con los pasos del ritmo de moda. La pollera de la joven parecía tener vida propia por las vueltas en el aire cuando el profesor, con gran destreza, la revoleaba y conducía en el loco baile.
El joven maestro totalmente despeinado y agitado, tomando repentinamente a Eugenia en sus brazos, comenzó a hacer la mímica del final de la canción, ante el espanto incipiente de los padres. Parecía el mismísimo Elvis allí presente, que sonreía con aire seductor y se inclinaba ante los aplausos y grititos histéricos de las chicas. Realmente, estaban todos pasando una noche inolvidable. La personalidad del profesor había mostrado una faceta desconocida, que a todos había complacido.
Bueno, a casi todos. Porque dos días después, las jóvenes habían comenzado a concurrir a las clases de música de un nuevo profesor, que no se parecía a ningún astro del rock.
A decir verdad, se parecía al mismísimo Berlioz…


ALP©2010
(Consigna de La Nación: un relato que refleje la llegada al barrio de un vecino nuevo.)

MISTERIOSA CRISTINA


Cristina Weishaupt se mudó al barrio de Florida, y en el local que se alquilaba en la esquina de Güemes y Valle Grande, instaló su peluquería. Su aparición fue tan impactante, que el tema se convirtió en una especie de obsesión, que no sólo envolvió a todos los vecinos, sino que ya se perfilaba como una pseudo cacería por la cual todos se empezaron a creer detectives, policías o sabios.
Se había desatado una especie de competencia para ver quien sabía más sobre ella, y en las conversaciones vecinales abundaban toda clase de tonterías. Y también verdades, por qué no.
Las vecinas, inmediatamente, acudieron a someterse a los servicios del pequeño Salón de Belleza, en fila india, lo que fue engrosando paulatinamente, la cuenta corriente de la estilista. Pero no iban tanto como para embellecerse, sino como para averiguar todo lo que pudiera cambiar el aburrimiento de un barrio demasiado tranquilo, a veces.

Al principio, las comidillas apuntaban al parecido físico de la mujer, con Greta Garbo. Después, la semejanza ya apuntaba a Rita Hayworth y finalmente, quizás para acercarla a un perfil decididamente más pecaminoso, le habían puesto el sobrenombre de “Marilyn”. Tiempo después, descubrieron que el apellido de Cristina, de origen alemán, le otorgaba el halo de misterio apropiado, para recaer en la creencia generalizada de que tal vez se trataba de la descendiente directa del creador de la secta Illuminati, Adam Weishaupt. Y mencionar tan sólo el nombre de dicha orden, era como adentrarse al mundo de los enigmas, leyendas y misterios, que se originan en torno a esta sociedad secreta, también conocida como la Orden de los Perfictibilistas o Iluminados de Baviera.
O sea, que a la pobre peluquera Cristina, ya la habían emparentado con los cultos precristianos y masonerías del mundo antiguo y medieval. Y todo por llevar el apellido Weishaupt, de lo cual, efectivamente, la rubia no tenía la más mínima culpa.

Los más persistentes y tenaces vecinos del barrio habían averiguado también que el fundador de los Illuminati, había sembrado una simbología cuasi subliminal en todo el mundo. Como por ejemplo, el famoso “Ojo que todo lo ve”, en los billetes de un dólar norteamericano, y el Búho de Minerva, la diosa de la sabiduría, cerca de la cara de George Washington, a una escala minúscula.
Rosita, la mamá de Beto, fue la que completó y dio un acabado remate a la historieta fabricada sobre la rubia peluquera, al escuchar de boca de la propia alemana, que era descendiente del creador de la Coca-Cola, John Pemberton.
Ahí sí que la cosa se puso bien fea. Desde lavado de dinero hasta integrante de una familia de brujos, las especulaciones se sucedían y parecían no tener fin. Carlitos, el sabihondo del barrio, empezó a desgranar las historias y los mitos que se habían difundido sobre la fórmula de la popular bebida.
-La fórmula está escondida en una caja fuerte de Atlanta. Es secreta. La compañía colaboró con los nazis. Financia cuerpos paramilitares y corruptos. Papá Noel fue inventado por Coca-Cola – seguía desparramando Carlitos, haciendo que los resquemores hacia Cristina, ya alcanzaran un cariz dramático: la conjura mancomunada para hacer que se vaya del barrio.

Muy pronto, las vecinas empezaron a espaciar sus idas a la peluquería. El boicot femenino estaba tomando cuerpo con doña Rosita a la cabeza. Cristina, ni lerda ni perezosa, cambió el cartel de Salón de Belleza, por Peluquería Unisex, redoblando la apuesta. Los maridos y solteros del barrio pisaron el palito, y se invirtieron los papeles. Mejor dicho, se cambiaron los motivos para odiar a la rubia. Ellos la defendían y ellas la aborrecían.
Mientras tanto, la peluquera agigantaba su fama y su clientela, ya que su leyenda se esparcía por todas las localidades del Partido de Vicente López, enriqueciendo su marketing.

Muy atrás quedaron las acusaciones e injurias que pretendían desprestigiarla. Salieron a relucir a la palestra, entonces, las desavenencias conyugales y súbitos divorcios, tornando la temática de los chismes de barrio, en una sola cuestión y en una feroz sentencia digna de estudio:
" La rubia es una destruye-hogares y una roba-maridos, como todas las rubias alemanas." Rosita dixit.


ALP©2010

(Consigna de La Nación: un relato que refleje la llegada al barrio de un vecino nuevo.)

LEGADO PATERNO


Ahora el mar es sólo un pozo.

La gigantesca mano toma el lápiz transparente como el aire, y tacha el último ítem del orden universal.
Debe completarse la lista de tareas a realizar. La mayor explosión demográfica ha desbordado los límites establecidos.
Cincuenta años de edad promedio es una buena etapa para resistir los tramos finales de una ancianidad, debilitada por las carencias.

El último huevo del último nido se ha transformado en la última golosina de la última ave sobre la faz de la Tierra.
El fondo de los océanos, mares, ríos y lagos, muestran su desnudez. Caracoles, anclas, botellas con mensajes, esqueletos sin edad o naturaleza, cofres y arena candente aparecen de nuevo, después de las aguas.

Los caminos están vacíos de todo y llenos de nada. Son solo rectas y curvas que ascienden y descienden.
La nada enseñoreada está abarcando un nuevo todo.

Los colores abandonados emigran hacia otros mundos, montados en remolinos de hojas amarillentas. En plumas perdidas y errantes. En ecos lejanos de voces olvidadas.
El silencio es corpóreo, ruidoso, agudo.
Los refugios subterráneos guardan latidos cada vez más débiles. Sobre la superficie no existe ya más vida. Por debajo, ya casi tampoco. Todos duermen, se empequeñecen, desaparecen. Falta poco.
La gigantesca mano retoma el lápiz transparente como el aire y escribe sobre la hoja de nebulosa, un nuevo renglón de un nuevo orden.

Un óvulo recién creado alberga un espermatozoide recién diseñado. En un crisol de estrellas, un rayo de otro sol, más joven, se posa sobre el embrión.
Y la mano anota, con prolijidad eterna, el momento preciso en que el hombre recibe lo que se ha establecido como una nueva oportunidad. La segunda. La última.

Los brazos humanos se extienden para recibir el legado paterno.

Y surge nuevamente la vida.

Nuevamente el agua.

Nuevamente el aire.

Nuevamente, ser.



ALP©2010


(Consigna de La Nación: relato basado en fotografía de paisaje lacustre hostil. El cuento lo escribí en 2007 y encajó en dicha consigna)

miércoles, marzo 10, 2010

PURIFICACIÓN




No puedo dejar de observar sus manos. Juega con el racimo de moscatel y cuenta cada uva, una y otra vez, mientras habla con pausas teatrales. Sus manos frescas y juveniles dicen claramente que las mismas jamás acariciaron ni realizaron bordado o tejido alguno. Tiene manos de catálogo de belleza. Impersonales y frías.

Purificación abandona el racimo sobre la fuente de donde lo tomó y prosigue con su discurso.
Su propuesta nos parece caída del cielo, y ambos, Jorge y yo, estamos a punto de aceptar la posibilidad de convertirnos en caseros de una de sus mansiones para evitar que fuera ocupada por intrusos.
Pero preferimos preguntar y escuchar más.
Puri ha quedado viuda y rica de forma tan repentina como escandalosa. Hermana mayor de mi padre, fallecido también, no es una pariente con la cual pudimos contar en momentos críticos. Ni antes ni ahora.
Bueno, ahora es diferente, porque es ella la que viene a nuestro encuentro y es ella la que en estos momentos nos está tentando con una propuesta que pinta como un ruego disimulado.
-Podemos ir a ver la casa ya mismo. Mi coche espera afuera y mi chofer hace lo que yo le digo. La vivienda está impecable y lista para habitar. Además, seguirían residiendo en la misma ciudad. Sin alejarse dramáticamente de sus ocupaciones. Y en forma gratuita, que es la parte de mi proposición que seguramente les conviene más.

La tía sabe que pronunciando la palabra gratis nos tiene amarrados a su voluntad. Jorge y yo nos miramos y con los ojos nos preguntamos lo que nuestros labios no dicen. Nuestra cuenta bancaria está en pañales y la posibilidad de tener techo propio es un sueño bastante lejano aún, pero con la ventaja de eliminar la sombra de nuestro actual alquiler y acrecentar los números del saldo de la cuenta, no nos parece tan remoto ese acariciado sueño.

Purificación nos convence. Buscamos nuestros abrigos y accedemos, cosa que automáticamente provoca una amplia y bella sonrisa en su cara. Parece otra, feliz de poder contar con sus sobrinos.
Al vernos, el chofer pone en marcha el lujoso vehículo de la tía, se apea de manera servicial y nos saluda rozando la visera de su gorra. Luego de escuchar las instrucciones de su jefa, nos mira por el espejo retrovisor y mientras sonríe nos pregunta qué clase de música nos gustaría escuchar. Nos pareció un exceso de cortesía pero como ni Jorge ni yo estamos acostumbrados a estos lujos lo dejamos a gusto de Purificación.

Partimos envueltos en la melodía de un Vivaldi primaveral que nos predispone a iniciar un camino promisorio, nuevo y sobre todo, inesperado.

Al cabo de un rato nos detenemos a cargar combustible en una estación y Puri nos invita a tomar café acompañado de porción de gâteau de chocolate y crema. Ella se abstiene, coqueta, obedeciendo a una dieta impuesta por su personal trainer.

Proseguimos viaje y apenas nos sentamos en el asiento trasero del automóvil Jorge se queda profundamente dormido. Purificación lo mira y sonríe dulcemente mientras dice:
-Debe estar tan cansado de trabajar que su cuerpo le pide una pequeña siesta.
Intento contestarle pero no puedo articular palabra porque el cansancio me vence a mí también y antes de caer dormida recuerdo la sonrisa de la tía que me mira con indulgencia.

……………………………

Siento mucho frío y me duele la espalda. Las piedras del suelo se clavan en mi cuerpo y noto que la ropa se me pega al cuerpo por la humedad del agua que me rodea. No puedo pensar con claridad. No entiendo lo que me ocurre. El sol del atardecer ilumina el paisaje y el silencio es tremendamente imperante. La mano de Jorge me roza el brazo. Me encuentro con su mirada que me interroga. Su ropa también está empapada. Mira hacia todos lados y tampoco comprende por qué estamos tendidos en la orilla de ese lago helado.
Su mirada me interroga y no tengo respuestas.
A nuestro alrededor se despliega un paisaje hostil y no se ven ni casas ni nadie cerca de donde estamos. Nos incorporamos con dificultad y mientras nos tomamos de la mano, instintivamente, comenzamos a caminar y luego a correr, en la medida en que nuestros cuerpos se van despabilando hacia una realidad que tiene visos de pesadilla.

Los rayos de un sol que agoniza manchan de rojos diferentes todo lo que conforma el extraño lugar. Nos miramos de a ratos, sin deseos de hablar. Sabemos que cada pregunta que nos hacemos, no tiene respuesta. Todas las preguntas tendrán sus respuestas más adelante. Mientras tanto, sólo nos resta andar.
La prueba de vida en la que estamos inmersos es nuestro presente. Y sé que de ella saldremos diferentes, puros, íntegros. Sólo nos resta andar...



ALP©2010
(Consigna de La Nación: Un relato a partir de una imagen lacustre y hostil)