MIS HISTORIAS. La alquimia entre la realidad y los sueños. Entre los sueños y la imaginación.







lunes, febrero 21, 2011

ESMERALDAS Y RUBÍES





Una botella de vino puede ser un detonante que cambia un supuesto destino por otro inesperado y que nos convierte en seres primarios, asustadizos y empequeñecidos.
La retórica parecería ser el portal de una gran escena, la primera de una cadena de momentos que, juntos y enlazados, van perfilando una historia que promete algo diferente, atractivo y que no pasaría desapercibido.

Nada de lo antedicho iría a ocurrir, porque insisto en que una botella de vino debe tener duendes pícaros nadando en un pequeño mar de uvas y espuma, porque cuando Esmeralda toma la botella del refrigerador, la escena se prolonga más de lo debido.
Aislada del contexto hogareño, la secuencia fotográfica de ella sosteniendo el envase en su mano izquierda y el destapador en la derecha, no insinúa más que lo que muestra. Pero Esmeralda hace una cosa mientras piensa otra.
Las manos ágiles descorchan el aroma y el sonido de una botella que trae en su interior no solamente duendes, sino toda una jugada que simula ser casual. La mujer deslumbra a todos con su atuendo audaz, y se lo dicen.
El costoso vestido es un adorno disuasivo, de distracción, tan letal como inadvertido para cada uno de los comensales que están allí esa noche reunidos a la mesa de una anfitriona que se adueña de sus almas.

Suena fatal, es verdad, pero Esmeralda, con un interés en el arte culinario que todos desconocen hasta allí, es capaz de sentarse como una felina a la cabecera de su mesa, mientras apoya sus manos enjoyadas sobre el encaje azul del mantel y ordena a su mucama que sirva la comida especial.
Fue premeditado lo tarde en que fue servida la cena, fue calculada la temperatura del vino y fue muy sensual el placer de ver esas bocas hambrientas, saborear con gran gusto los bocados con corazón de rubíes molidos.

Ni una sola foto en los medios le hace justicia a la belleza de Esmeralda. Y ni un solo rastro se encuentra de los rubíes robados a su ex, para que no los disfrute con su amante de turno, aunque eso le cueste renunciar a ellos.

Existen muchas Esmeraldas en el mundo. Tan iguales y diferentes. Y hay también quienes prefieren los rubíes del tamaño para engarzar y deslumbrar.
Es que en este universo de vanidades, sólo se trata de brillar. Aunque sea en soledad, pero brillar.

APL©2011

martes, febrero 15, 2011

EL BESO DEL SARAMPIÓN




La pared adopta el vestido de puntillas verdes que le diseña el jazmín. Lo completa con flores blancas naturales, y exagera los movimientos durante el oleaje de viento, para que todos la vean. La glicina, de racimos aún tardíos, le retuerce el pie a la farola con su mano blanca y flaca. Está impaciente. El festival de perfumes se aproxima a nuestra casa de Florida y ella, algo histérica, está aún en deshabillé de hojas. Desde la ventana de mi dormitorio observo los quehaceres mudos del jardín.
Mi madre se aproxima a mi cama e interrumpe el desenfreno de imaginaciones infantiles, y mientras me dice que habló con mi maestra para comunicarle que estaré ausente unos días, apoya sus labios en mi frente y comprueba si la fiebre ha retrocedido. ¡Claro que sí, la está derrotando! Además, la logística la cubre el pediatra de la familia, quien con su arsenal de remedios, es el aliado infalible.

Mi madre. Tan linda y sabia, adivina cada uno de mis pensamientos. Y mi lecho se convierte en barco de carga. Todo cabe y todo es necesario para entretenerme mientras dura el sarampión. Debe ser por su beso que me siento mejor. Afirma que mi frente está normal. Sí, me siento mejor.

Unos cuantos años han pasado desde ese recuerdo del beso en la frente. Aquella gladiadora, campeona de lucha contra el sarampión hoy me dejó sus armas para que las use de igual manera.
La beso como lo hacía ella y me dice que ahora me toca a mí.
No es contra el sarampión con quien me estoy midiendo. Mi contrincante se esconde, no lo puedo ver, aparece a traición, pero ni se imagina con quien se ha metido…

Divago como aquella niñita de frondosa imaginación y me sale que los besos en la frente durante las enfermedades son como las reverencias de los luchadores orientales: “Te saludo con respeto, pero si puedo, te mato”.



APL©2011