MIS HISTORIAS. La alquimia entre la realidad y los sueños. Entre los sueños y la imaginación.







jueves, abril 21, 2011

LA IMPERMEABILIDAD PROTECTORA DEL CAPULLO




Nuestros hijos me miran con sus mudas preguntas y yo vuelvo a sentirme como siempre. Entre la espada y la pared. El peso de las decisiones otra vez acomodadas sobre mi espalda. De manera que si más adelante algo no resulta como lo esperado, recaerían las responsabilidades hacia el lado en el cual yo ocupo el pseudo lugar más importante de nuestra familia.
-Es hermosa, mamá. Vas a ver qué cómodos vamos a estar. Las habitaciones son enormes y hay tanto espacio para las cosas de todos…

Leo, mi marido, ha decidido comprar una casa más grande para estar mejor. Los chicos han crecido y nuestro hogar resulta cada vez más pequeño.
Juani cumplió diecisiete, y luego de la reunión que organizó para festejarlos con sus amigas, se quejó porque el living era tan incómodamente reducido que le impidió invitar más gente.
Gustavo, directamente no permite que sus amigos vengan a casa porque dice que no tiene privacidad para conversar o escuchar música. Y siempre nos hace sentir que la pasa mejor en las casas de otros.



Leo, Gustavo y Juani. Mi mundo. Ellos son parte de mi vida y sin embargo yo me siento fuera de la de ellos, a veces. Yo ejerzo de madre y esposa presente, sin embargo, por momentos, resulto ser madre y esposa invisible. Claro que la invisibilidad cesa cuando se trata de la ropa o de la comida. Después nos retornan al capullo.
Leo está parado junto a ellos y también está esperando mi respuesta.
-Está impecable. Recién pintada y las instalaciones, perfectas. Siempre quisimos algo así. Vas a ver los asaditos que podremos hacer. Caben tu familia y la mía. Para Nochebuena o fin de año…
-Bueno, está bien. A mí también me gusta. Pero me tienen que prometer que…

La mudanza la empezamos entre los cuatro, pero recién al cabo de un mes, ya casi estoy terminando de acomodar las cosas. Las de todos, por supuesto. Yo sola, porque ellos están muy ocupados y como yo estoy todo el día en casa…



Los días transcurren apacibles. Parece que realmente la causa de nuestras discusiones desapareció y se llamaba “casa pequeña”.
Juani demuestra que tiene la habitación que realmente cubre todas sus necesidades.
Gustavo, casi todos los días vuelve a casa con uno o dos compañeros de facultad, convertido en un gran anfitrión.
Leo viaja cada tanto por razones de trabajo, y yo trato de hacer llevadera su ausencia usando la computadora para escribir o comunicarme con amigos virtuales.
Mis amigas insisten con que debería registrarme en alguna red social para divertirme, con la posibilidad de encontrarme con gente que tal vez me conozca y se alegre de tener noticias mías.
Los resultados son casi inmediatos. Y así puedo volver a ver la apariencia actual de antiguos compañeros de oficina. Lo distintas que están mis compañeras de secundario y de facultad. Lo grandes que están sus hijos que no conozco y las nuevas parejas de las que se habían divorciado sin enterarme. La curiosidad que se incrementa en cada búsqueda y su respectivo resultado positivo me lleva a teclear el nombre de alguien que antes de casarme hacía aumentar mis pulsaciones con el sonido de su voz al saludarme. Sin darme cuenta estoy en contacto con un hombre a quien no veo desde hace más de veinte años. Y ahora lo primero que hago es encender mi computadora para ver si está conectado, si contestó mi mensaje.
Sin darme cuenta estoy aceptando la idea de tomar un café para vernos y revivir viejos tiempos de oficina.
Sin darme cuenta estoy dejando que se repitan las veces de la excusa del café. Estoy dejando que mi corazón vuelva a galopar como loco y que el esmero en mi arreglo personal se note en la mirada de los desconocidos que pasan a mi lado por la calle.
Sin darme cuenta estoy dejando de ser lo que soy, peligrosamente. Y tal vez, la envoltura del capullo se ha endurecido tanto, limitando mis movimientos, que al momento de responder a la pregunta crucial que penetra por mis oídos y sacude mi cuerpo, sólo atino a aspirar una gran bocanada de aire para responder:
-Ya no, es demasiado tarde.


ALP©2011

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