MIS HISTORIAS. La alquimia entre la realidad y los sueños. Entre los sueños y la imaginación.







viernes, octubre 14, 2011

NO LE MIENTAN A JIMENA

Instantáneas de Ficción – 10ma Convocatoria Literaria – NO LE MIENTAN A JIMENA




Jimena se aparta del grupito de amigas y se apresta a cumplir lo prometido.
-No lo hagas, Jimena, puede ser peligroso.
-Jimena, si tiene cámara de video quedaste pegada.
-Dejala, cuando la agarre la poli se va a dar cuenta que con éso no se juega.


Jimena no hace caso de las advertencias de sus amigas. Son unas gallinas que le tienen miedo a todo. La jovencita se queda parada sin quitar la vista del local de ropa que está en la vereda de enfrente. Sabe que faltan unos momentos, unos breves instantes para que la dueña, esa rubia asquerosa se quede sola en el negocio. Ya le iba a enseñar que con ella no se juega y que pobre del que le mienta.
Unas semanas antes, Jimena se había acercado hasta la coqueta boutique de la Avenida Cabildo. Con gran desparpajo le dijo a la dueña que le diera las prendas de la vidriera cuando hicieran el cambio, ya que sabía que no las pondría a la venta porque seguro que tenían polvo y manchas del sol. La mujer, para sacársela de encima a la descarada jovencita, le dijo que volviera en dos o tres días, y se las daría.
Jimena regresó con aire triunfante ante la mirada atónita de las amigas, quienes esperaban en la esquina para verla salir del local llena de bolsas con ropa.
Luego de unos quince o veinte minutos, vieron salir a Jimena del negocio con la cara roja de furia y los ojos vidriosos. La dueña del lugar le había mentido. Le dijo que esperara un rato porque la tenía que ayudar una empleada para buscar las cosas al entrepiso del negocio y que entonces apareció un gordo de uniforme que la tomó de un brazo y la quería llevar para atrás y llamar a la policía. Entonces, Jimena le dio al tipo una patada debajo de la cintura y ella pudo soltarse, pero primero le juró a la rubia del negocio que iba a volver cuando estuviera “solita”, y que le iba a dar lo prometido, sí o sí.
Ahora, Jimena se apresta a cumplir lo que no se cansa de jurarle a las amigas. Cuando faltan unos quince minutos para el cierre del local, el custodia del negocio va como de costumbre a la fiambrería que está a media cuadra, para comprarse la picada y las cervezas para cenar y luego vigilar a su jefa mientras cierra la boutique. En ese lapso, Jimena, con la navaja enganchada en la bikini, cruza velozmente hasta donde está la rubia del local, va detrás del mostrador y en un instante fatal le clava la filosa hoja en el abdomen. La expresión de la mujer y la sangre impresionan mucho a Jimena, pero ya está jugada, y como último accionar toma todas las prendas de la vidriera que le permiten sus brazos y su adrenalina. Luego, mirando a la camarita que enfoca a los clientes, en la entrada, cierra el puño y muestra el dedo medio un buen rato, en ademán de burla, saboreando el momento en que la vieran en el video esos policías idiotas.
Luego empieza a correr hacia la plaza de enfrente y las amigas detrás de ella, festejando y vitoreándola como se saluda a los ganadores de cualquier juego deportivo.
Ni a Jimena ni a las amigas les importa la llegada de tres patrulleros y una ambulancia que se detienen frente al local de ropa. Están demasiado divertidas disputándose el botín, eligiendo y probándose las coquetas prendas de una boutique de la Avenida Cabildo.


ALP©2011



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